Archivo | agosto, 2013

El transporte público

29 Ago

La ciudades grandes tienen trenes, tranvías, autobuses y metros que son usados diariamente por millones de personas. Son transportes que permiten a los ciudadanos vivir lejos de sus trabajos, ya sea por causas económicas, sociales o por gusto. Viajar en transporte público tiene sus pros y sus contras pero hay algo que cabe destacar: la hora punta. Cuando se abren esas puertas del metro y la gente se pega por entrar, como si dieran lingotes de oro; y es que aún cuando no cabe más gente, los que están dispuestos a entrar, entran. Luego uno se encuentra allá dentro, donde el clima es siempre tropical, aunque sea invierno. Y en verano… ¡oh verano! …cuando todas esas pieles húmedas mezclan sus sudores entre sí en el contacto de la estrechez de los vagones. Lo bueno es que cuando hay tanta gente, si te desmayas por el calor, no te caes. La multitud te mantiene en pie. ¡Y los pobres bajos!, que siempre les tocan los sobacos sudorosos en la cara, por no hablar de cuando los usan de apoya periódicos. ¡Qué experiencia la del metro!

Sin duda, el transporte público es uno de los grandes males del mundo, sobretodo para los habitantes de las capitales más grandes. Muchos de estos, además, viven donde no para el metro. ¡Entonces tienen que ir en autobús! ¡Algunos incluso tienen que ir en metro y autobús, los pobres desgraciados! Un requisito indispensable para ir en autobús es tener brazos de gimnasio, sobretodo en las curvas, ya que la fuerza motriz suele agarrar a los viajeros bien desprevenidos. Hay diferentes modelos de autobuses pero, por ejemplo en Buenos Aires, los pasajeros que sufren las situaciones más límite son los de los asientos traseros, por mucho brazo musculado que tengan nadie puede evitar que salgan despedidos hacia delante. O sea que tomad nota, la gente que se sienta allá, es la que realmente tiene agallas. En Londres, los intrépidos son los que se suben al piso de arriba, arriesgando vidas para tener una buena vista. Cabe mencionar a las abuelas, que siempre se quejan de los jóvenes por no cederles el asiento y el día que se lo ceden se cagan en ellos por llamarlas viejas. Ellas son la voz de la experiencia y han desarrollado unas técnicas a lo largo de los años, con las cuales su destreza para desenvolverse en el proceso del viaje en autobús seria comparable a la de los de las chaquetas góticas de Matrix esquivando balas. Y ya finalizando y volviendo a Buenos Aires,  creo que seria todo un detalle por parte del gobierno avisar a los turistas del curso de paracaidismo que debe tomarse para bajar del autobús. A los extranjeros, es un tema que siempre nos pilla desprevenidos.

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Los perros porteños

13 Ago

Buenos Aires es una gran ciudad. Como todas las grandes ciudades tiene calles, avenidas, parques, paseos, línea de subte…pero Buenos Aires tiene algo más: Buenos Aires tiene perros. Cientos, que digo, miles de perros toman las calles de la ciudad cada mañana. Los porteños aman a estos animales con suma devoción y es posible que el porcentaje de perro por metro cuadrado sea uno de los más elevados del mundo.

Una enorme infraestructura se levanta entorno al mundo perruno. Generan una vasta industria comercial que cubre y satisface sus necesidades y caprichos, o al menos, los de sus dueños. Un sinfín de clínicas veterinarias, peluquerías y tiendas para animales abastecen a este amplio mercado. Todo correcto hasta aquí, pero el tema va más allá: ¡hay tiendas de ropa de perro! Se podría decir que el sector de la moda canina está en su momento más álgido y, a mi parecer, Buenos Aires se ha erigido como una de sus capitales mundiales.

Yo adoro a los perros. Son animales que me inspiran sentimientos de confianza, seguridad, compañía, fidelidad, amor y todo ese tipo de cosas que los seres humanos cada vez me inspiran menos. Es por eso que no puedo evitar escandalizarme con el tipo de vejaciones públicas a las que lo someten algunos ciudadanos, ya sean porteños, colombianos, estadounidenses, españoles, ingleses o turcos.  Sin ir más lejos, ayer iba paseando por la calle y se me cruzó un perro mediano de tonos marrones (disculpen, no entiendo de razas). Su pelaje era brillante y el animal se veía joven, elegante. El pobre, llevaba un vestido con volantes rosa. Para que la aberración fuera todavía más grande, llevaba una especie de pañuelo en el cuello, a conjunto. La criatura, que supuse que debía ser perra, por lo del rosa, andaba cabizbaja ante la vergüenza de tener que pasear por el mundo con esas pintas. A modo de solidarización involuntaria aparecieron dos chuchos más con camisetas a medida, una estampada con huesecitos de colores y la otra de topitos. Claro, tu ahora imagínate que en tu barrio eres el único perro al que su amo viste, ¿Qué futuro te espera? Una vida de escarnio y vergüenza al pasar ante las casas de los demás perros y perras de tu zona. Y bueno, no sólo está el tema de la estética, ¡Yo he visto perros con forros polares y anoraks cuando el termómetro pasaba de los 23 grados!

Mi curiosidad ante tales despropósitos fue a más y decidí investigar por la web. Tuve que agarrarme bien fuerte de la silla para no caer cuando descubrí una tienda on-line donde vendían disfraces caninos, tipo bruja, princesa o abeja. ¡Qué persona en su sano juicio se atreve a sacar a su perro a la calle vestido así! A parte, ¿cuando se lo pones, por Halloween o carnaval, a conjunto con el tuyo? Después vi que la susodicha web contaba con secciones como “casual” “spa-baño” o “lluvia”. Después de leer esto me di cuenta que el mundo fashion victim ha tocado fondo. Aún me quedaba una por ver: zapatos y capas, ¡Sí, señores, venden zapatos para perro! Y capas para convertir a tu perro en súper perro. Los zapatos, además, los venden a pares. Mi pregunta es: ¿en que patas se los pones, las de delante o las de atrás? ¡Menudo dilema perruno me creó!

Y no nos damos cuenta de algo, los perros son perros. Yo estoy segura que si le preguntamos al perro que quiere hacer, nos dirá que revolcarse en el barro, olerle el culo a otros perros o vomitar y luego comérselo pero dudo mucho que nos diga que se quiere vestir de princesa, con lacito de brillantes y zapatitos a conjunto.

Cada vez que veo un perro desnudo, tal como dios lo trajo al mundo, me digo, ¡que suerte tienes criatura, vive feliz! En fin, ciudadanos del mundo, estén donde estén (ya que un perro es igual de cursi vestido de princesa en Nueva York que en Beijing): ésta es una llamada para que liberen a sus perros de esta deshonra antes de que un día empiecen a rebelarse y acabemos en un mundo de ficción como el del planeta de los simios versión planeta de los perros con los humanos torturados a vestirse de princesa para la eternidad.

 

Solitud

11 Ago

Tornava cap a casa. Els carrers eren tots molls. El fred es feia cada vegada més palès. Estava segur que aquella nit arribarien a sota zero. No havia escoltat les noticies però aquell canvi en la textura de l’aire presagiava l’arribada d’una borrasca. Un silenci sepulcral dominava l’escena. L’únic que sentia, mentre avançava pel llarg del carrer, era el repicar del les seves sabates cada cop que entraven en contacte amb l’asfalt. Va aturar-se un instant. Silenci absolut trencat esporàdicament pel degoteig inconstant d’una gota d’aigua. Va veure una ombra al seu darrere. Va girar-se. A la tènue il·luminació de l’escena la truncava el parpelleig d’un dels fanals del fons del carrer. Va adonar-se que si aguditzava l’orella podia sentir el brunzit del florescent quan s’apagava i s’encenia. Va redreçar-se i continuà caminant. La boira que descansava, recolzada en l’atmosfera del  carrer, el separava de la casa. Era l’última de la vorera dreta.

Va arribar a la porta de casa. Va entrar-hi i va anar fins al menjador. Sense treure’s la jaqueta va asseure’s a la butaca. Dins la casa també hi feia fred però aquest no era el motiu que li impedia treure-se-la. Dur-la posada el feia sentir que era allà de pas, que podia marxar quan volgués. Va observar la paret que s’alçava davant seu. No hi havia penjat mai res. No ho volia fer. No volia personalitzar aquell indret ja que creia que no en formava part. Ni tan sols havia comprat una televisió o una ràdio per acompanyar aquell silenci constant que es sentia en les parets de tota la casa.

L’aspecte desangelat del menjador només es veia profanat per la calidesa d’una única espelma encastada en el forat del coll del que havia sigut una ampolla de vi, d’aquelles que es beuen en els sopars de dos. Va decidir que es quedaria allà assegut, tot el vespre. Potser la família de la casa del davant obriria les cortines i podria espiar-los una estona. No era la primera vegada que ho feia.

El bé i el mal: “Retrospecció”

11 Ago

Els dos personatges apareixen en una clariana d’un bosc. S’atansen l’un a l’altre i es miren fixament, als ulls.

– No ho aconseguiràs!, ja saps que sempre acabo vencent, d’una manera o altra – va dir el bé.

– Esmerça-t’hi tant com vulguis però la debilitat i l’instint humà provoquen que sucumbeixin amb extrema facilitat sota els meus encants – va replicar el mal – Mira-te’ls, no fan més que repetir les mateixes accions, una vegada rere una altra, any rere any, dècada rere dècada, segle rere segle, n’és tant de fàcil!

Un colom els va passar pel davant. El bé va resseguir-lo amb la mirada fins que va desaparèixer darrera un arbre. No va poder evitar recordar el primer fet violent i maligne que havia succeït a la història de la humanitat, feia ja milers d’anys. Ell va ser-hi present, com ha sigut present en tots els actes bons i en tots els dolents. Aquell nen li va tirar una pedra al colom, i ho va fer perquè tenia enveja. Va pensar que si ell no podia volar, el colom tampoc podria. Allà va començar tot, en aquell precís instant. Quan el bé va veure aquella imatge va experimentar una sensació de buidor extrema que desconeixia, però amb la que hauria d’aprendre a viure al llarg dels temps. Aquell dia es van conèixer amb el mal. Es van veure les cares i en aquell moment va saber que allò que acabava de presenciar iniciava una guerra que duraria molts anys i que avançaria a passos agegantats. Sense anar més lluny, tres dies després de la primera matança, la de l’innocent colom, la primera víctima; el nen va decidir matar el seu gos d’un cop de roc. Va tenir la impressió de que li feia més cas al seu germà que a ell. Les víctimes que el seguiren foren el germà, el pare i la mare, i moltes més.  El bé no sabia que era l’odi però el que aquell nen havia desenvolupat, no podia ser altra cosa.

Ara, aquell nen havia crescut i de nou es trobava davant seu, carregant una pesada motxilla de destrucció a l’esquena que, alhora, exercia una pressió constant dins el cap del bé.

– Sempre tant pensatiu tu! – va provocar-lo el mal – De poc t’ha servit pensar tant durant aquests anys.

– A la saviesa no s’hi arriba per impulsos. Requereix tranquil·litat i, per suposat, benestar, cosa que tu desconeixes totalment.

– Va, no em facis riure!

El bé va pensar que aquesta vegada venceria. La fi dels temps estava arribant i, d’alguna manera, podia visualitzar el que havia d’esdevindre. Seguia sense entendre que va passar aquell primer dia, encara no assimilava que no ho hagués pogut anticipar. Sabia que el seu contrari existia. Tot té un contrari. Havia d’estar preparat per la seva arribada i no va estar-ho. S’hi estava tant bé en aquell primer món que va relaxar-s’hi massa i el mal va aprofitar per a aparèixer; però la historia estava escrita, es deia, i el què ha de passar preval per sobre els meus desitjos i per sobre el seus. Només l’he de retenir un temps més, pensava, llavors les coses seguiran el seu curs i tot tornarà a ser com al començament.

Escena: “Intruso”

11 Ago

INT. SACRISTÍA. NOCHE

El cura Roberto Marías (35) está esperando al cardenal Ricardo Froslán (64) en la sacristía. Se muestra nervioso e impaciente y anda de un lado a otro, meditabundo.

Julia aparece en la escena. Entra corriendo, llorando en actitud desesperada y suplicante.

JULIA

(Lo agarra) ¡Roberto!

ROBERTO

(La separa de él) ¿Qué estás haciendo aquí?

JULIA

No puedes hacer esto.

ROBERTO

Esto es lo que quiero, por lo que he luchado tantos años.

JULIA

Te equivocas, no vas a ser feliz.

ROBERTO

Claro que lo seré. Debes irte, el Cardenal está a punto de llegar.

JULIA

Mírame a los ojos y dime que no me quieres.

ROBERTO

Por favor, Julia.

JULIA

Hazlo y entonces me iré.

(Roberto la coge por los hombros y le mira fijamente a los ojos. No puede decir nada. Se aparta)

JULIA

Lo ves, no puedes

ROBERTO

Vamos, Julia…

JULIA

¿Y sabes por qué no puedes?, ¡Porqué me amas!

(Se oye la puerta principal de la iglesia)

ROBERTO

¡Ya está aquí el cardenal, vamos, escóndete ahí!

(Julia se esconde en un viejo confesionario que está guardado dentro de las dependencias de la sacristía. El Cardenal llama a la puerta)

CARDENAL

Buenas tardes padre, ¿puedo pasar?

ROBERTO

Claro, Monseñor.

CARDENAL

Podemos sentarnos, hijo.

ROBERTO

Sí, ahí en la mesa.

                                (Se sientan al lado de una mesa que se encuentra en las dependencias)

CARDENAL

Roberto, hijo, como ya sabrás estamos muy orgullosos de ti. Somos conscientes de que has hecho grandes progresos y, por esa razón, hemos decidido que te escogeríamos como futuro obispo de la  diócesis.

ROBERTO

¡ Fantástico! (Mientras lo dice se oye un grito ahogado del confesionario)

CARDENAL

¿Qué ha sido eso?

ROBERTO

Será algún feligrés que ha venido con niños a la  iglesia.

CARDENAL

No, creo que ha venido del confesionario.

ROBERTO

No creo, padre.

                               (El Cardenal se levanta y corre la cortina del confesionario. Descubre a Julia)

CARDENAL

Señora,  ¿Qué hace usted aquí?

JULIA

Disculpe, padre.

CARDENAL

Padre Roberto, ¿sabia usted algo de esto?

JULIA

No, señor. El padre Roberto no sabía nada. Solo entré a curiosear donde no debía y como no quería que me vieran, me escondí. Discúlpenme ustedes, ya me voy.

CARDENAL

Pero ¿Le parece normal esconderse en una sacristía?

JULIA

(Mirando a Roberto) Hay muchas cosas que no parecen normales.

CARDENAL

¡Aquí es donde nos cambiamos, no es un sitio para señoritas!

JULIA

Descuide padre, no volverá a pasar. Ah, padre Roberto, enhorabuena por  su ordenación de obispo. Espero que sea usted muy feliz en su nuevo puesto.

ROBERTO

(La mira apenado) Gracias, Julia…

Julia se va.

FIN

Escena: “Seducción”

11 Ago

ESC. 00. INTERIOR RESTAURANTE. NOCHE

Carlos (34) y Elena (29) llegan. Entran en un restaurante. Se dirigen a la mesa que les indican y se sientan. El camarero les da las cartas. Carlos se muestra un poco nervioso y Elena tranquila y seria.

CARLOS

(Abre la carta, la ojea y la vuelve a cerrar) Me alegra de que finalmente hayas decidido venir a cenar conmigo.

(Carlos sonríe, Elena no responde, está seria)

CARLOS

La verdad es que llevaba tantos días intentándote convencer que ya empezaba a pensar que esto nunca pasaría.

(Carlos vuelve a sonreír, Elena continúa seria)

(Elena sigue callada. Carlos empieza a poner cara de circunstancias)

CARLOS

¿Cómo es que al final te has decidido a venir?

ELENA

Mira, cambié de opinión.

(Carlos respira aliviado, por fin ha hablado)

CARLOS

Bueno, entenderás que después de cinco meses dándome largas, esté un poco sorprendido de que finalmente hayas aceptado.

ELENA

Todos podemos cambiar de opinión y nosotros podríamos cambiar de tema ya.

CARLOS

Bueno, vale, disculpa.

(Se hace un silencio. Carlos mira  a un lado. Se le nota nervioso)

CARLOS

Cómo lleváis el proyecto de las lámparas en vuestro departamento. ¿Lo van a comprar los alemanes?

ELENA

Bien

CARLOS

Veo que no eres muy habladora. Y eso que en la oficina pareces la mar de simpática con la gente.

ELENA

Mi carácter va en función de dónde estoy y con quién estoy.

CARLOS

Ya, ¿y tienes algún problema conmigo o el problema es el restaurante?

(Elena se encoge de hombros)

CARLOS

Vaya, veo que va a ser una velada de lo más interesante

ELENA

Oye, no te quejes, estoy aquí, ¿no?

CARLOS

Sí, pero estoy empezando a pensar que tú y la pared tenéis el mismo nivel de encanto.

ELENA

¡Serás gilipollas!

CARLOS

(En tono irónico) Y además tierna como una flor. (Cambia la expresión a enfado) Está claro que me equivoqué contigo

ELENA

Oye imbécil, ¡peor eres tú!

CARLOS

No creo que tus niveles sean alcanzables para nadie.

ELENA

(Con mucha ira) Entérate estúpido, si he accedido a cenar contigo es porque me han pagado por ello.

CARLOS

(Escéptico) ¡Qué dices, niña!, ¡Menuda tontería!

ELENA

(Convencida) Tu amigo Alberto.

CARLOS

(Se queda blanco, paralizado) No puede ser

ELENA

Pues sí, ya ves. Tus amigos se compadecen de ti, ¡es patético!

CARLOS

Pues a mí me parece que lo tuyo es peor. ¿O es que nadie te ha hecho saber que a eso que estás haciendo se le llama prostitución?

ELENA

Oh, por favor, no pensaba acostarme contigo. ¡Ni por todo el oro del mundo!

(Se levanta y se va. Carlos se queda sentado, pensativo por lo que acaba de pasar. Su rostro cada vez denota más tristeza)

FIN

Sinopsis: “Amor”

10 Ago

Acto I

Bhadrask  trabaja en los establos del emperador. Este año, tras la muerte de Trajano, Adriano ha sido proclamado emperador. Han pasado más de diez años desde que Bhadrask llegó a Roma. Fue vendido a un mercader romano. Antes vivía en Muzaris, donde trabajaba como esclavo en el puerto. Su padre era el amo. Éste tenía muchísimos hijos y los usaba como esclavos. La madre de Bhadrask murió cuando él tenía 10 años. Desde el día en que llegó a Roma que Bhadrask planea escaparse. Sabe que si lo atrapan será castigado con la muerte pero su plan es perfecto, lleva años estudiando los detalles y nada puede fallar. Sabe que puede vivir solo, su madre le enseñó a cuidarse. Desde que su madre murió, hace ya 12 años, nunca ha tenido ningún tipo de contacto afectivo con la gente por no los necesita para vivir. Anhela la libertad y odia ser utilizado como esclavo sexual por Cornelia, la sobrina de Trajano, el anterior emperador. Bhadrask tiene una buena relación con el chico que les baja las comidas y ha establecido vínculos de amistad con Cátulo, un esclavo lusitano que cuida las cuadras con él. De repente, un día, les baja la comida una chica. Le preguntan dónde está el mozo y ella les cuenta que se lo han llevado a trabajar al palacio de Cornelia. Bhadrask se entristece profundamente por esta noticia. Sabe de sobra lo que le harán hacer ahí. Conoce todos sus juegos y perversiones. Se lamenta porque el chico es solo un niño, no debe tener ni catorce años. La chica se muestra sonriente y amable. Los dos hombres no saben muy bien como reaccionar. No están acostumbrados al tracto cortés con las mujeres. Quieren ser amables pero no saben muy bien como desenvolverse en la situación. Les lleva unos días poder interactuar con ella sin sentirse extraños. Con Cátulo simpatizan antes. Normalmente conversa con ella mientras come, ya que ella se espera a que terminen para llevarse los cacharros. Bhadrask se sienta siempre con ellos pero no conversa. Sólo los escucha. Un día, Claudia, que así es como se llama, ve que Bhadrask está herido en un brazo. Coge unas hierbas del monte y se las pone en la herida. Nota el contacto de su piel con la de ella. Puede olerla desde tan cerca. Ella va curando su herida, día tras día, y poco a poco Bhadrask se da cuenta que lo que más anhela de sus días es pasar ese rato con ella. El anhelo incluso se convierte en desasosiego. Ha empezado a hablar un poco con ella y a veces se ríen juntos. Una mañana, se levanta y lo ve claro: ¡Es amor! Lo que experimenta es lo mismo que le explicó Cátulo que se siente cuando se está enamorado, pero ¡él debe fugarse ya! Ni puede, ni de debe esperar.

Acto II

Bhadrask decide intentar apartarse de ella por unos días. Le dirá a Cátulo que le guarde las comidas, que necesita reposo. No cree que haya ningún problema para quedarse los utensilios de cocina hasta la siguiente comida. El primer día que esto sucede, Claudia se extraña un poco. A la semana, decide ir a buscarlo. Sabe que ella no debería entrar en los establos. Debe esperar a que los hombres terminen de comer pero no cree que pase nada. Encuentra a Bhadrask tumbado en el suelo. Éste se sorprende mucho al verla. Su reacción es distante. Ella le pregunta que qué le pasa, que por qué no viene ya nunca a comer cuando está ella. Él le dice que tiene trabajo y no puede. Esquiva sus preguntas. Finalmente Claudia se va, cabizbaja. Bhadrask ha tenido que hacer un gran esfuerzo para no abrazarla, la echaba de menos y se siente fatal por haberla tratado así, pero se dice que es lo correcto. Debe huir cuanto antes y no debe postergarlo más. Al día siguiente Claudia vuelve. Encuentra a Bhadrask limpiando los caballos. Ella le dice que le trae su comida preferida. Ha robado peras de la cocina para él. Bhadrask se lo agradece pero le dice que no tiene tiempo para hablar. La misma historia se va repitiendo día tras día. Claudia no se cansa. Mientras Bhadrask va preparando su huida. Casi lo tiene todo a punto. Uno de esos días, Badrask se hace el dormido. Piensa que de ese modo, ella no le dirá nada. Claudia lo encuentra. Deja la cesta con las viandas a su lado, se acerca a él y le besa. Bhadrask abre los ojos sorprendido. La mira y se abalanza sobre ella. No puede evitarla más. Se besan apasionadamente. Se abrazan, se tocan. Pero ella debe irse, no tiene mucho tiempo. La buscarían en la cocina. Pasan los siguientes días repitiendo el mismo procedimiento. Nunca tienen demasiado tiempo pero Bhadrask se da cuenta de que quiere hacer con ella lo mismo que le obliga a hacer la sobrina del emperador; pero sabe que con Claudia sería diferente. Una noche, Claudia les trae vino. Cátulo y Bhadrask se emborrachan. Bhadrask aprecia mucho a Cátulo. Al principio no tenía mucha relación con él pero después de pasar tanto tiempo solos se han ido abriendo el uno al otro. Bhadrask le dice que quiere escapar y volver a oriente para ser un hombre libre. Le proponer ir con él. Cátulo dice que él nació esclavo en palacio y que no conoce otra vida. No sabría qué hacer en el exterior. Pasadas unas semanas, Bhadrask se da cuenta de que está dejando de lado su plan. Tiene miedo de lo que siente por Claudia. No lo entiende. Es feliz pero le aterra la idea de que algún día Claudia lo despreciara. Sabe que la gente es cambiante e inconstante y no ve porqué Claudia debería ser diferente. De nuevo, decide que debe cortar por lo sano. Cuando Claudia vuelve a los establos corre hacía Bhadrask, como todos los días. Él se muestra frío y distante. Le dice que no deberían hacer lo que hacen y que no tiene sentido. Que se vaya, que él no quiere continuar con esa historia. Claudia se va llorando. Bhadrask se siente horriblemente mal. Esa noche Bhadrask llora desconsoladamente. No había llorado desde el día que murió su madre, cuando tenía diez años. Se siente mal por Claudia, por todo lo que le ha dicho. La quiere mucho y le apena enormemente la idea de no volver a verla pero sabe que su prioridad es huir. Esa noche sueña con su madre. A menudo sueña que habla con ella. En el sueño su madre se acerca, se despide, le da un beso y se va. Al día siguiente, Claudia no viene. Les dicen que ha sido llevada al palacio de Cornelia, la han castigado a ser una esclava de interior de palacio, por entrar en los establos sin permiso. Bhadrask se da cuenta de lo que acaba de perder y está aterrorizado. Sabe lo que pasa en el palacio de la sobrina. Sabe que allí las mujeres son malas y los hombres son peores.¡ Su pobre Claudia! Siente ira, rabia, se siente mal consigo mismo y se da cuenta de que no soportaría que la tocaran, que le hicieran daño. Se da cuenta de que ahora ella rige su mundo. No quiere estar solo. Quiere estar con ella. Decide que ha llegado la hora. Se fugará. Pero antes irá a buscarla, no piensa dejarla ahí, se escaparán los dos y serán libres para el resto de sus días. Escaparán hacía oriente y ahí se establecerán como hombres libres.

Acto III

Debe escapar a la hora de las cenas para ir hasta el palacio de Cornelia. Es la mejor hora para no ser visto. Ahí debe esperar hasta la noche. Le dice a Cátulo que cenará más tarde, le dice que se lo deje ahí que ya lo irá a buscar él. Cátulo se da cuenta de que algo pasa. No le pregunta nada. Solo le dice: ¡Buena suerte! Bhadrask deja el colgante de su madre en el lecho de Cátulo. Éste lo encuentra y sonríe. No da la alarma. Bhadrask sabe donde duermen las esclavas. Llega a su ventana trepando un olivo. Están durmiendo. Le tira una aceituna a Claudia. Está despierta. Ve a Bhadrask por la ventana. Él le hace el señal de silencio. Le indica que se acerque. Le dice que va a liberarla y que van a  escapar. Deben andar sigilosamente. Bajan el monte palatino, donde se ubica el palacio y andan unas dos horas hasta Villa Adriana. Es la casa de reposo del emperador y sabe que está pasando unos días ahí. En los exteriores del palacio de Villa Adriana hay poca vigilancia y los caballos los guardan en un pequeño recinto fuera de los límites físicos de la Villa. A las tres de la madrugada ya están subidos a un caballo. Galopan toda la noche, hasta las tres de la tarde del día siguiente. Reposan en una cueva. Siempre viajan de noche. Cuando se encuentran en Jerusalén, les llega el rumor de que Adriano se enteró de lo que pasaba en el palacio de Cornelia y decidió desterrarla. Dos años más tarde, Cátulo recibe un paquete con especias. Sabe entonces que Bhadrask ya está en India y es un hombre libre.

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