Archivo | septiembre, 2013

Los serieadictos

10 Sep

En el mundo hay algunas personas que son diferentes de los demás y lo son porque viven en un mundo paralelo: el de las series. Los serieadictos son una especie muy particular que tiene sus propios códigos e incluso idioma. De hecho, tienen como una especie de ondas telepáticas que les permiten reconocerse entre ellos; así como los gays.

Intentar entrar en una conversación de serieadictos es inútil. Sólo podrás hacerlo  a partir de haberle dedicado unas 500 horas a visualizar capítulos. Entonces, igual te dejan ir a escuchar pero hasta que no hayas llegado a las 1000, derecho a opinar no tienes.

La cuna de las series es norteamérica y a los serieadictos les encanta conocer a sus nativos. ¡Qué alegría conocer a un autóctono y poder intercambiar experiencias!, se dicen y, entonces, es cuando hablan con él o ella y les dice que no le gustan las series; pero ¡menudo compatriota de mierda, seguro que no se sabe ni el himno!, ¡qué desilusión!, peor que lo de fin de año, que lo esperas todo el año y luego es un coñazo y si no lo es, tampoco te acuerdas.

En este mundo incluso se hacen fiestas temáticas y los serieadictos se disfrazan de sus personajes favoritos. Así de tristes son sus vidas. En los Estados Unidos, país que nunca ha destacado por su lógica, incluso hay un gran festival donde los serieadictos pueden conocer a sus personajes queridos y hacerse fotos con ellos disfrazados de ellos mismos …¡Qué lio, no!. Seguramente, de las pesadillas que tienen estos actores después de tan sonado evento, podrían sacarse argumentos para más series.

Hay que protegerse porque cualquiera puede caer victima de este mal. Empiezas un día con un capítulo, al siguiente te dices: me miro dos, al tercero ya llamas al curro para decir que no vas, al cuarto anulas la cena con tus amigos y sin darte cuenta, en un mes ya no tienes pareja, ni curro, ni amigos pero quieres seguir viendo capítulos.

Vienen los nervios, el comerse las uñas, el qué pasará y entonces pasa algo para lo que nadie está preparado: se acaba la serie. Llega ese vacío en tu vida. ¡Qué voy a hacer! Te parece que el mundo no tiene sentido. Ya no vale la pena vivir, ya no queda nada y encima la serie se ha acabado como el culo y te han matado al protagonista. ¡Qué horror, qué vida tan dura!. Es en este punto tan crítico donde te das cuenta de que sólo te queda una salida: empezar otra serie.

La moda

3 Sep

La moda es una de esas cosas, fruto de la evolución, tan difíciles de comprender. Se supone que el ser humano evoluciona, se racionaliza, avanza. Hay ciencia, descubrimientos, progresos, se va a luna y luego, se va a la moda.

Cada época ha tenido su moda, con sus figuras destacadas y sus elementos particulares, extravagantes y llamativos pero creo que, un gran porcentaje de la población mundial está de acuerdo en que lo de los ochentas no debe repetirse, ¡jamás!

Una de las décadas más exprimidas, que tuvo su resurgimiento con los jóvenes de los noventa, es la de los sesentas. Uno de sus complementos más explotados son las gafapastas, grandes y no precisamente discretas. En Barcelona, si no llevas gafapastas no eres nadie. ¡Y que problemón para los que tienen bien la visión!. Y digo yo, que tenemos claro que son un tipo de gafas que no favorecen a todo el mundo. Por supuesto, si no van combinadas con un despeinado peinado, tampoco valen. Los chicos de Madrid, apuestan claramente por la chaqueta verde botella. Claro, luego a la hora de irse a casa, no veas que enredo para encontrar la tuya, como si en Barcelona va, y se le caen las gafas a varios a la vez. En el País Vasco, las chicas se cortan el pelo, todas, en la misma peluquería. Casi rapadillo, con flequillo bien corto  y patillas largas. A conjunto, llevan los aros con relieves celtas; que yo creo que se los ponen ya en la peluquería. Las francesas…pasan de todo, si total, ni se depilan. En Reino Unido quien se pone la ropa más fea y incombinable encima, ¡gana! (Se puede decir que ahí, todavía viven los ochentas). En Italia, si no es de marca, no se lo ponen. En Buenos Aires, para ser una mujer como dios manda, se tiene que ir con calzas (leggins) y tener el pelo largo hasta el culo, como mínimo. A poder ser con variación de tonos de los diferentes teñidos.

Y no termina ahí la moda. Su extensión es tan amplia que afecta a casi todo: ropa, pelo, muebles, plantas, animales de compañía… incluso a la arquitectura. Épocas como el clasicismo, el barroco, el modernismo y la de ahora,  el “haz los bloques de pisos más feos que puedas” y los arquitectos modernos, que todos quieren hacer edificios con forma de falos y bueno, cabe decir que aunque nos vistamos de los sesentas, setentas, ochentas, noventas o todo combinado, desnudos seguiremos siendo iguales y es que el sexo, por suerte, no pasa de moda.

 

 

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