Archivo | Ejercicios del Máster de Escritura de Guiones 2011-2012 RSS feed for this section

Escena “intruso”

11 Ago

INT. SACRISTÍA. NOCHE

El cura Roberto Marías (35) está esperando al cardenal, Ricardo Froslán (64), en la sacristía. Se muestra nervioso e impaciente y anda de un lado a otro, meditabundo.

Julia aparece en la escena. Entra corriendo, llorando en actitud desesperada y suplicante.

JULIA

(Lo agarra) ¡Roberto!

ROBERTO

(La separa de él) ¿Qué estás haciendo aquí?

JULIA

No puedes hacer esto

ROBERTO

Esto es lo que quiero, por lo que he luchado tantos años

JULIA

Te equivocas, no vas a ser feliz

ROBERTO

Claro que lo seré. Debes irte, el Cardenal está a punto de llegar.

JULIA

Mírame a los ojos y dime que no me quieres

ROBERTO

Por favor, Julia

JULIA

Hazlo y entonces me iré

Roberto la coge por los hombros y le mira fijamente a los ojos. No puede decir nada. Se aparta

JULIA

Lo ves, no puedes

ROBERTO

Vamos Julia

JULIA

¿Y sabes por qué no puedes?, ¡porque me amas!

Se oye la puerta principal de la iglesia.

ROBERTO

Ya está aquí el cardenal, vamos, escóndete ahí

Julia se esconde en un viejo confesionario que está guardado dentro de las dependencias de la sacristía. El Cardenal llama a la puerta.

CARDENAL

Buenas tardes padre, ¿puedo pasar?

ROBERTO

Claro Monseñor

CARDENAL

Podemos sentarnos, hijo

ROBERTO

Sí, ahí en la mesa

Se sientan al lado de una mesa que se encuentra en las dependencias

CARDENAL

Roberto, hijo, como ya sabrás estamos muy orgullosos de ti. Somos conscientes de que has hecho grandes progresos y, por esa razón, hemos decidido que te escogeríamos como futuro obispo de la  diócesis.

ROBERTO

¡ Fantástico! (Mientras lo dice se oye un grito ahogado del confesionario)

CARDENAL

¿Qué ha sido eso?

ROBERTO

Será algún feligrés que ha venido con niños a la  iglesia

CARDENAL

No, creo que ha venido del confesionario

ROBERTO

No creo padre

El Cardenal se levanta y corre la cortina del confesonario. Descubre a Julia.

CARDENAL

Señora,  ¿Qué hace usted aquí?

JULIA

Disculpe padre

CARDENAL

Padre Roberto, ¿sabia usted algo de esto?

JULIA

No, señor. El padre Roberto no sabía nada. Solo entré a curiosear donde no debía y como no quería que me vieran, me escondí. Discúlpenme ustedes, ya me voy.

CARDENAL

Pero ¿Le parece normal esconderse en una sacristía?

JULIA

(Mirando a Roberto). Hay muchas cosas que no parecen normales.

CARDENAL

Aquí es donde nos cambiamos, no es un sitio para señoritas.

JULIA

Descuide padre, no volverá a pasar. Ah, padre Roberto, enhorabuena por  su ordenación de obispo. Espero que sea usted muy feliz en su nuevo puesto.

ROBERTO

(La mira apenado) Gracias, Julia…

Julia se va.

FIN

Escena “seducción”

11 Ago

ESC. 00. INTERIOR RESTAURANTE. NOCHE

Carlos (34) y Elena (29) llegan entran en un restaurante. Se dirigen a la mesa que les indican y se sientan. El camarero les da las cartas. Carlos se muestra un poco nervioso y Elena tranquila y seria.

CARLOS

(Abre la carta, la ojea y la vuelve a cerrar). Me alegra de que finalmente hayas decidido venir a cenar conmigo.

Carlos sonríe, Elena no responde, está seria.

CARLOS

La verdad es que llevaba tantos días intentándote convencer que ya empezaba a pensar que esto nunca pasaría.

Carlos vuelve a sonreír, Elena continúa seria.

Elena sigue callada. Carlos empieza a poner cara de circunstancias.

CARLOS

¿Cómo es que al final te has decidido a venir?

ELENA

Mira, cambié de opinión.

Carlos respira aliviado, por fin ha hablado.

CARLOS

Bueno, entenderás que después de cinco meses dándome largas, esté un poco sorprendido de que finalmente hayas aceptado.

ELENA

Todos podemos cambiar de opinión y nosotros podríamos cambiar de tema ya.

CARLOS

Bueno, vale, disculpa.

Se hace un silencio. Carlos mira  a un lado. Se le nota nervioso.

CARLOS

Cómo lleváis el proyecto de las lámparas en vuestro departamento. ¿Lo van a comprar los alemanes?

ELENA

Bien

CARLOS

Veo que no eres muy habladora. Y eso que en la oficina pareces la mar de simpática con la gente.

ELENA

Mi carácter va en función de dónde estoy y con quién estoy.

CARLOS

Ya, ¿Y tienes algún problema conmigo o el problema es el restaurante?

Elena se encoge de hombros.

CARLOS

Vaya, veo que va a ser una velada de lo más interesante

ELENA

Oye, no te quejes, estoy aquí, ¿no?

CARLOS

Sí, pero estoy empezando a pensar que tu y una pared tenéis el mismo nivel de encanto.

ELENA

¡ Serás gilipollas!

CARLOS

(En tono irónico).Y además tierna como una flor. (Cambia la expresión a enfado). Está claro que me equivoqué contigo

ELENA

Oye imbécil, ¡peor eres tú!

CARLOS

No creo que tus niveles sean alcanzables para nadie.

ELENA

(Con mucha ira). Entérate estúpido, si he accedido a cenar contigo es porque me han pagado por ello.

CARLOS

(Escéptico). ¡Qué dices, niña!, ¡Menuda tontería!

ELENA

(Convencida). Tu amigo Alberto.

CARLOS

(Se queda blanco, paralizado). No puede ser

ELENA

Pues sí, lo es, ya ves. Tus amigos se compadecen de ti, ¡Es patético!

CARLOS

Pues a mí me parece que lo tuyo es peor. ¿O es que nadie te ha hecho saber que a eso que estás haciendo, se le llama prostitución?.

ELENA

Oh, por favor, no pensaba acostarme contigo. ¡Ni por todo el oro del mundo!.

Se levanta y se va. Carlos se queda sentado, pensativo por lo que acaba de pasar. Su rostro cada vez denota más tristeza.

FIN

Sinopsis: “amor”

10 Ago

Acto I

Bhadrask  trabaja en los establos del emperador. Este año, tras la muerte de Trajano, Adriano ha sido proclamado emperador. Han pasado más de diez años desde que Bhadrask llegó a Roma. Fue vendido a un mercader romano. Antes vivía en Muzaris, donde trabajaba como esclavo en el puerto. Su padre era el amo. Éste tenía muchísimos hijos y los usaba como esclavos. La madre de Bhadrask murió cuando él tenía 10 años. Desde el día en que llegó a Roma que Bhadrask planea escaparse. Sabe que si lo atrapaban, será castigado con la muerte pero su plan es perfecto, lleva años estudiando los detalles y nada puede fallar. Sabe que puede vivir solo, su madre le enseñó a cuidarse. Desde que su madre murió, hace ya 12 años, nunca ha tenido ningún tipo de contacto afectivo con la gente por eso sabe que no los necesita para vivir. Anhela la libertad y odia ser utilizado como esclavo sexual por Cornelia, la sobrina de Trajano, el anterior emperador. Bhadrask tiene una buena relación con el chico  que les baja las comidas y ha establecido vínculos de amistad con Cátulo, un esclavo lusitano que cuida las cuadras con él. De repente, un día, les baja la comida una chica. Le preguntan dónde está el mozo y ella les cuenta que se lo han llevado a trabajar al palacio de Cornelia. Bhadrask se entristece profundamente por esta noticia. Sabe de sobra lo que le harán hacer ahí. Conoce todos sus juegos y perversiones. Se lamenta de que el chico es solo un niño. No debe tener ni catorce años. La chica se muestra sonriente y amable. Los dos hombres no saben muy bien como reaccionar. No están acostumbrados al tracto cortés con las mujeres. Quieren ser amables pero no saben muy bien como desenvolverse en la situación. Les lleva unos días poder interactuar con ella sin sentirse extraños. Con Cátulo simpatizan antes. Normalmente conversa con ella mientras come, ya que ella se espera a que terminen para llevarse los cacharros. Bhadrask se sienta siempre con ellos pero no conversa. Sólo los escucha. Un día, Claudia, que así es como se llama, ve que Bhadrask está herido en un brazo. Coge unas hierbas del monte y se las pone en la herida. Bhadrask nota el contacto de su piel con la de ella. Puede olerla desde tan cerca. Ella va curando su herida, día tras día, y, poco a poco, Bhadrask se da cuenta que lo que más anhela de sus días es pasar ese rato con ella. El anhelo incluso se convierte en desasosiego. Incluso ha empezado a hablar un poco con ella y a veces se ríen juntos. Una mañana, se levanta y lo ve claro: es amor!. Lo que experimenta es lo mismo que le explicó Cátulo que se siente cuando se está enamorado, pero él debe fugarse ya! Ni puede, ni de debe esperar.

Acto II

Bhadrask decide intentar apartarse de ella por unos días. Le dirá a Cátulo que le guarde las comidas, que él necesita reposo. No cree que haya ningún problema para quedarse los utensilios de cocina hasta la siguiente comida. El primer día que esto sucede, Claudia se extraña un poco. A la semana, decide ir a buscarlo. Sabe que ella no debería entrar en los establos. Debe esperar a que los hombres terminen de comer pero no cree que pase nada. Encuentra a Bhadrask tumbado en el suelo. Éste se sorprende mucho al verla. Su reacción es distante. Ella le pregunta que qué le pasa, que por qué no viene ya nunca a comer cuándo está ella. Él le dice que tiene trabajo y no puede. Esquiva sus preguntas. Finalmente Claudia se va, cabizbaja. Bhadrask ha tenido que hacer un gran esfuerzo para no abrazarla, la echaba de menos y se siente fatal por haberla tratado así. Pero se dice que es lo correcto. Debe huir cuanto antes y no debe postergarlo más. Al día siguiente Claudia vuelve. Encuentra a Bhadrask limpiando los caballos. Ella le dice que le trae su comida preferida. Ha robado peras de la cocina para él. Bhadrask se lo agradece pero le dice que no tiene tiempo para hablar. La misma historia se va repitiendo día tras día. Claudia no se cansa. Mientras Bhadrask va preparando su huida. Casi lo tiene todo a punto. Uno de esos días, Badrask se hace el dormido. Piensa que de ese modo, ella no le dirá nada. Claudia lo encuentra. Deja la cesta con las viandas a su lado, se acerca a él y le besa. Bhadrask abre los ojos sorprendido. La mira y se abalanza sobre ella. No puede evitarla más. Se besan apasionadamente. Se abrazan, se tocan. Pero ella debe irse, no tiene mucho tiempo. La buscarían en la cocina. Pasan los siguientes días repitiendo el mismo procedimiento. Nunca tienen demasiado tiempo pero Bhadrask se da cuenta de que quiere hacer con ella lo mismo que le obliga a hacer la sobrina del emperador; pero sabe que con Claudia sería diferente. Una noche, Claudia les trae vino. Cátulo y Bhadrask se emborrachan. Bhadrask aprecia mucho a Cátulo. Al principio no tenía mucha relación con él pero después de pasar tanto tiempo solos se han ido abriendo el uno al otro. Bhadrask le dice que quiere escapar y volver a oriente para ser un hombre libre. Le proponer ir con él. Cátulo dice que él nació esclavo en palacio y que no conoce otra vida. No sabría qué hacer en el exterior. Pasadas unas semanas, Bhadrask se da cuenta de que está dejando de lado su plan. Tiene miedo de lo que siente por Claudia. No lo entiende. Es feliz pero le aterra la idea de que algún día Claudia lo despreciara. Sabe que la gente es cambiante e inconstante y no ve porqué Claudia debería ser diferente. De nuevo, decide que debe cortar por lo sano. Cuando Claudia vuelve a los establos, corre hacía Bhadrask, como todos los días. Él se muestra frío y distante. Le dice que no deberían hacer lo que hacen y que no tiene sentido. Que se vaya, que él no quiere continuar con esa historia. Claudia se va llorando. Bhadrask se siente horriblemente mal. Esa noche, Bhadrask llora desconsoladamente. No había llorado desde el día que murió su madre, cuando tenía diez años. Se siente mal por Claudia, por todo lo que le ha dicho. La quiere mucho y le apena enormemente la idea de no volver a verla pero sabe que su prioridad es huir. Esa noche sueña con su madre. A menudo sueña que habla con ella. En el sueño su madre se acerca, se despide, le da un beso y se va. Al día siguiente, Claudia no viene. Les dicen que ha sido llevada al palacio de Cornelia, la han castigado a ser una esclava de interior de palacio, por entrar en los establos sin permiso. Bhadrask se da cuenta de lo que acaba de perder y está aterrorizado. Sabe lo que pasa en el palacio de la sobrina. Sabe que allí las mujeres son malas y los hombres son peores. Su pobre Claudia!. Siente ira, rabia, se siente mal consigo mismo y se da cuenta de que no soportaría que la toquen. Que le hicieran daño. Se da cuenta de que ahora ella rige su mundo. No quiere estar solo. Quiere estar con ella. Decide que ha llegado la hora. Se fugará. Pero antes irá a buscarla, no piensa dejarla ahí, se escaparán los dos y serán libres para el resto de sus días. Escaparán hacía oriente y ahí se establecerán como hombres libres.

Acto III

Debe escapar a la hora de las cenas para ir hasta el palacio de Cornelia. Es la mejor hora para no ser visto. Ahí debe esperar hasta la noche. Le dice a Cátulo que cenará más tarde, le dice que se lo deje ahí que ya lo irá a buscar él. Cátulo se da cuenta de que algo pasa. No le pregunta nada. Solo le dice: ¡Buena suerte!. Bhadrask deja el colgante de su madre en el lecho de Cátulo. Éste lo encuentra y sonríe. No da la alarma. Bhadrask sabe donde duermen las esclavas. Llega a su ventana trepando un olivo. Están durmiendo. Le tira una aceituna a Claudia. Está despierta. Ve a Bhadrask por la ventana. Él le hace el señal de silencio. Le indica que se acerque. Le dice que va a liberarla y que van a  escapar. Deben andar sigilosamente. Bajan el monte palatino, donde se ubica el palacio y andan una dos horas hasta Villa Adriana. Es la casa de reposo del emperador y sabe que está pasando unos días ahí. En Villa Adriana hay poca vigilancia en los exteriores del palacio y los caballos los guardan en un pequeño recinto fuera de los límites físicos de la Villa. A las 3 de la mañana ya estaban subidos en un caballo. Galopan toda la noche, hasta las tres de la tarde del día siguiente. Reposan en una cueva. Siempre viajan de noche. Cuando se encuentran en Jerusalén, les llega el rumor de que Adriano se enteró de lo que pasaba en el palacio de Cornelia y decidió desterrarla. Dos años más tarde, Cátulo recibe un paquete con especias. Sabe entonces que Bhadrask ya está en India y es un hombre libre.

“biografía”

10 Ago

Bhadraksh (significa con ojos hermosos) nace el año 95 dc en un pequeño pueblo cerca del puerto de Muzires, al sur de la India. Bhadraksh vive allí con su madre en una pequeña choza. La quiere mucho. Su madre trabaja en una parcela de tierra de su padre y Bhadraksh la ayuda todo el  tiempo. No tiene muchos amigos con quien jugar. No hay chicos de su edad cerca de donde vive y las horas de trabajo no le permiten ir mucho más lejos. Su madre es hindú y su padre es descendiente de los griegos que se establecieron después de la llegada de Alejandro Magno. Bansi, su padre, tiene varias parcelas y también varias mujeres y muchos hijos. La gente de la aldea y sus familiares trabajan en sus campos, como Bhadraksh y su madre. Cuando Bhadraksh tiene once años, su madre enferma y muere, con lo cual Bhadraksh se queda solo en el mundo. Su padre decide llevarlo al puerto de Muzaris ya que el chico es fuerte y servirá para  cargar y descargar mercaderías. Allí pasa dos años mezclado con la resta de trabajadores y esclavos. Su padre lo trata como a un esclavo más, a menudo, incluso peor. Los otros trabajadores también se aprovechan de su juventud y inocencia, dejándole las tareas más pesadas. Supuestamente debería ser respetado por ser el hijo del amo pero, en realidad, el efecto es el contrario. Saben como Bansi trata a sus hijos y tienen la certeza de que éste nunca lo defenderá. Bhadrask piensa en escaparse. Él sabe que podría vivir solo, lejos de la civilización. Es inteligente y tiene buena salud. No necesita a la gente. La gente solo le trae problemas. Sería autosuficiente. Aprendió mucho de su madre y sabe cultivar cereales y hortalizas y cazar animales. Eso bastaría. Bhadrask es consciente de que si escapa y lo  atrapan, lo castigarán con la muerte. Por ese motivo va postergando su plan. Tiene que hacerlo muy bien.

Debido al comercio que mantiene Muzaris con Roma, llegan navíos romanos a menudo. Un día, un romano se interesa por el chico y el padre decide venderlo. El romano trabaja para la familia imperial. Trajano es emperador el emperador. Una vez llegado a Roma, lo ponen  a trabajar en los establos reales cuidando animales. Bhadraksh prefiere este trabajo al de los campos o el puerto. Le gusta el contacto con los animales. Apenas tiene relación con los hombres. A parte de su madre, nunca ha sido bien tratado por nadie y se muestra mezquino con los demás al igual que los demás siempre se han mostrado mezquinos con él. Su cabeza sigue urdiendo un plan de escape. No soporta ser el esclavo de nadie.  Un tarde, una sobrina del emperador se cruza con él al devolver su caballo. Le pregunta su nombre. Una semana más tarde es llamado ante ella. Le obliga a acostarse con ella. Bhadraksh piensa que debe escapar cuanto antes. Su esclavitud, ahora también sexual, lo vacía por de,ntro. Le hace sentirse insignificante y odia la compañía de esa mujer y sus amigas; aunque sabe que si se niega, explicarán alguna mentira sobre él y le matarán. Así funcionan las cosas en el mundo de la familia imperial romana. Debe ser prudente. Antes de fugarse debe conocer bien la distribución del palacio y sus exteriores. Necesita tiempo para eso. Aún así sabe que lo hará. Confía profundamente en él y en nadie más que él. Sabe que es sólo cuestión de unos meses. O quizás solo unas semanas. Y sobretodo, sabe que está dispuesto a sacrificar su vida, antes que renunciar a su libertad.

Sinopsis: “sobrenatural”

8 Ago

ACTO I

Juan es un chico que vive solo. Vive en un bloque de pisos, en el 1º2ª. Trabaja en  una inmobiliaria que se encuentra en el pueblo de al lado, a unos 15 kilómetros. Por este motivo, cada mañana baja al aparcamiento, coge su coche y se desplaza hasta el trabajo. Juan es una persona muy afable que lleva una vida muy tranquila. Nunca pone la televisión demasiado alta, ni hace fiestas. A simple vista es un vecino ideal. No lleva demasiado tiempo viviendo allí pero sabe que, por ahora, es bien apreciado por su comunidad.

Una mañana, Juan sube a su coche. Parece que le cuesta arrancar. Espera un rato. Prueba otra vez. Nada. Después de múltiples intentonas, se da por vencido. No es muy hábil en mecánica, o sea que decide llamar al taller para que lo vengan a mirar. Le dicen que se ha quedado sin batería y se la recargan con las pinzas. Le comentan que lo más probablemente es que se dejara las luces encendidas y por eso se debió quedar sin batería. Juan está seguro de haberlas apagado pero decide no darle más vueltas. Finalmente, puede ir a trabajar.

Una semana más tarde, cuando Juan repite su ritual diario para ir al trabajo, se da cuenta de que no le funcionan las luces. Lo sorprendente del caso es que no se ha fundido una luz, sino todas.  La niebla es espesa esa mañana y no puede conducir así. Vuelve a llamar al taller. Los del taller le ponen bombillas nuevas y le dicen que quizás ha habido un cortocircuito.

Unos días más tarde, se vuelve a subir al coche y al empezarlo a conducir, se da cuenta de que le tambalea. Baja. Una de las rueda de detrás está pinchada. Respira hondo y vuelve a llamar al taller. Debido a esta serie de sucesos, decide convocar una reunión de vecinos, ya que sospecha que alguno de ellos le está gastando estas bromitas.

Los vecinos no saben nada y aseguran no haber sido ellos. Juan les cree. Se da cuenta de que están igual de preocupados que él. Entre todos llegan a la conclusión de que debe ser algún gamberro de la calle que se cuela en el bloque, pues a veces la puerta principal queda abierta. Todos se comprometen a cerrar con llave de ahora en adelante. Tres días más tarde, Juan sale de su aparcamiento con el coche, cruza su calle y se incorpora a la carretera principal. Después de haber recorrido unos 500 metros, se da cuenta de que su coche no frena. Pica su morro con el coche de enfrente. Finalmente, decide dar un golpe de volante y se estampa contra el arcén. Le habían quitado las pastillas de freno.

La comunidad decide instalar una cámaras de seguridad en el aparcamiento. Una de ellas enfoca directamente al coche de Juan. A su vez, Juan, decide no coger más el coche hasta que el asunto se haya solucionado. Arregla el coche y lo deja en el aparcamiento. Durante un par de semanas, la compañía de seguridad revisa las cintas a diario. No encuentran nada. La empresa le comunica a Juan que lo más probable es que el malhechor que la tiene tomada con su coche, se encuentre entre uno de los vecinos de la comunidad o alguien que tenga contacto con alguno de ellos, ya que desde que han puesto las cámaras, nadie ha hecho nada. Juan, poco crédulo debido a los sustos que se ha llevado, especialmente el último, que casi lo mata, decide llamar al taller antes de subirse al coche. Efectivamente, como él creía. Le habían vaciado el líquido refrigerante del coche, con lo cual, si lo hubiera cogido, hubiera quemado el motor. Esto no puede continuar así, se dice. Hay que hacer algo serio de verdad para combatir a quien le está tomando el pelo. Esta vez, decide prescindir de sus vecinos y llamar a un detective privado.

ACTO II

El detective pasa unas semanas investigando. Espía a los vecinos. Comprueba si tienen antecedentes. Se informa del tipo de gente al que frecuentan.  No encuentra ningún indicio. Una tarde, mientras vuelve a repasar las cintas, se fija en un pequeño detalle que se le había pasado por alto. Se da cuenta de que hay una especie de luz, diminuta, que se mueve alrededor del coche de Juan. Investiga en el aparcamiento. Se pregunta de donde saldrá. Revisa las cintas. Se da cuenta de que esa luz aparece más veces. Siempre alrededor del coche de Juan y siempre en horas nocturnas. El detective recuerda un caso en el cual estuvo trabajando hace unos años. Lo que pasó, escapaba a todos sus recursos. El caso era parecido, ya que era una familia que notaba extraños sucesos por la noche. Las cosas se movían y desaparecían en su casa pero nunca veían a nadie. Estaban muy asustados y decidieron evadir el tema dejando la casa y cambiándose de ciudad.

El detective habla con Juan y le comenta lo dicho. Le aconseja buscar la ayuda de una profesional que tenga alguna relación con el más allá y pueda contactar con espíritus. Una médium. En un principio, Juan no puede creer lo que le está oyendo. Se pregunta si le estará tomando el pelo. Cuando le enseña lo que ha visto en las cintas, se da cuenta de que quizás el detective no esté tan loco como Juan creía.

Después de darle muchas vueltas, Juan decide hacerle caso y buscar una médium. Tiene una amiga que cree en estas cosas, así que decide pedirle una recomendación. Su amiga le recomienda a Eloísa. Ésta tiene 45 años y según dice, lleva desde los 15 contactando con espíritus. Le cuenta que tiene un don. Le dice que no es algo que ella hubiera escogido pero que, visto que tenía esta habilidad, decidió dedicarle su vida. A Juan le parece una gilipollez de las grandes pero debido a la visión del punto de luz a través de las cámaras, decide dejarla probar. La médium le dice que necesita pasar la noche en el aparcamiento, ya que es allí donde se manifiesta el espíritu. Le pide a Juan un aislante para dormir en el suelo y un saco de dormir. Juan le dice si está segura de dormir allí, si no prefiere que él se quede con ella. Eloísa dice que ni hablar. Necesita estar sola para que el espíritu, en el caso de que lo haya, se sienta cómodo contactando con ella y viceversa.

A Juan le cuesta dormir esa noche. Está preocupado por Eloísa. No tiene muy claro que fuera una buena idea dejarla sola en el sótano, con el espíritu o lo que sea que hay. Eloísa le hizo prometer que no bajaría. También está preocupado por los vecinos. Decidieron prescindir de explicarles nada. Eloísa dijo que era mejor no asustar a nadie y Juan estuvo de acuerdo, ya que no quería que lo tomasen por loco ¿ Pero y si alguien bajaba y se encontraba a Eloísa?.

La mañana siguiente llegó. Juan se despertó muy temprano. A eso de las siete. Pensó que ya debía poder bajar y así lo hizo. Se encontró a Eloísa durmiendo profundamente, acurrucada en un rincón. La despertó. Eloísa le explicó que había podido contactar con el espíritu. Parecía que era el espíritu de un joven quien decía que un hombre que vivía en el piso de Juan le había matado. Eloísa le dijo a Juan que no se asustara, que seguramente era alguien que había vivido anteriormente en su piso el que había cometido tal fechoría pero que el espíritu, sin consciencia del paso del tiempo, ni de la marcha del supuesto asesino, continuaba empeñado en vengarse del hombre que él creía que era su asesino. Eloísa dijo que lo primero que tenían que hacer era saber quien había vivido allí y aclarecer que había pasado exactamente. Así empezaron su búsqueda. Llamaron al detective para que les ayudara. El detective tenía acceso a archivos policiales debido a sus múltiples colaboraciones con la policía. En ellos encontró un caso archivado, de hacía quince años, en el cual un joven, de nombre Marcos, que vivía en aquel mismo bloque, había muerto en un accidente de tráfico cuando iba a trabajar. En el caso, aparecía la dirección exacta del chico.  Vivía en el piso de enfrente de Juan.  Eloísa está segura de que hay una relación directa entre el chico y la persona que vivía en el piso de Juan. Deben averiguarlo. El detective descubre que allí vivía un hombre de 52 años. Se llamaba Enrique González y vivía solo. Estaba divorciado y tenía una hija de 20 años que vivía con su madre. Trabaja en una empresa constructora ubicada en la misma ciudad. Había vivido en el piso durante tres años y lo había dejado dos meses después del accidente de Marcos. ¿Pura casualidad?, se preguntan. Deciden interrogar a los vecinos que ya vivían allí hace 15 años. Les cuentan que, al parecer, Marcos salía con la hija de Enrique. Esa relación, no era bien aceptada por Enrique. Una vez sabido esto, Eloísa decide pasar otra noche en el aparcamiento para hablar con el espíritu. El espíritu le dice que él es el  joven Marcos. Eloísa se entera de que Marcos tuvo el accidente porqué Enrique le quitó las pastillas de los frenos. La policía nunca lo revisó porqué pensaron que era un accidente más. El espíritu no tiene noción del tiempo, ni capacidad de distinguir con exactitud entre los vivos y cree que Juan es Enrique. De esta manera, está intentando matarle, de la misma forma que Enrique le mató a él: haciendo que parezca un accidente. Eloísa le dice a Juan que solo hay dos maneras de salir de esta. Irse a vivir a otro sitio o enfrentarse al espíritu para hacerle entender que él no es Enrique. Aunque enfrentándose a él, corre el riesgo de salir herido o quizás algo peor. Juan se había dado cuenta de que el piso donde vive, había estado vacío muchos años. Su propietario era el mismo Enrique, quien lo había mantenido vacío durante años, hasta que hace poco lo había vendido a la inmobiliaria donde trabaja Juan y él lo había alquilado. Ahora Juan entendía porqué no lo había alquilado durante tanto tiempo. El espíritu también se le había aparecido a él y seguramente tendría miedo o no querría arriesgarse. Juan pensó que si él no se enfrentaba al espíritu, habría otra víctima después de él y así, hasta que consiguiera matar a alguien. Aceptó la afronta. Eloísa iría con él.

ACTO III

Eloísa le da un par de días a Juan para que tome conciencia de lo que tiene que hacer. Le da unos cuantos consejos y le advierte de el miedo que da ver a un espíritu. Especialmente si este te quiere matar. Bajan a pasar la noche en el aparcamiento. Esperan varias horas. Finalmente Eloísa dice que el espíritu ya ha llegado. Juan ve una luz diminuta que se mueve. La misma que se apreciaba en las cámaras. El espíritu de Marcos no parece percibir la presencia de Juan. Eloísa señala a Juan con el dedo. Le dice al espíritu que ese es el hombre que habita el 1º2ª. Juan siente una fuerte presión en su cabeza. Cada vez es más fuerte. Parece que le va estallar. Oye de fondo a Eloísa que grita: mira su alma, su alma!, le habla al espíritu. La presión disminuye hasta desaparecer. El espíritu se ha dado cuenta de que Juan no es Enrique. Eloísa le pide a Juan que le hable al espíritu de Marcos, ahora le escucha. Juan le promete que irán a la policía y reabrirán el caso para que se haga justícia y su alma descanse en paz. Así lo hacen. El caso se reabre y se encarcela a Enrique. El espíritu de Marcos no vuelve a manifestarse nunca más.

A %d blogueros les gusta esto: