Archivo | Visiones de Argentina y del mundo con un toque de humor RSS feed for this section

Colombia

20 Jul

Una de las cosas que más me llamó la atención al llegar a Colombia fue la cantidad de pechos grandes y traseros pomposos por metro cuadrado, ya fueran naturales o con añadido. Mis ojos no daban crédito al espectáculo de derroche de abundancias que paseaban por las calles de las poblaciones costeñas del mar del Caribe, exuberancias que se veían contrarrestadas por la escasez de ropajes que las cubrían. El calor pegajoso, los colores, la música constante, el baile y el buen humor de los costeños le daban una atmósfera “sabrosona” al ambiente que me hizo entender muchas cosas sobre los colombianos, su música, su literatura y sus artes.

En Medellín pude aprender un poco sobre la triste y penosa historia que el narcotráfico dejó entre sus habitantes. Según entendí, con su llegada se dio paso a una era política en que los ideales, fueran de izquierda como las FARC o de derecha como los Paramilitares, pasaron a un segundo término para reducirlo todo a un gran negocio que daba mucha plata dirigido por el “capo” Pablo Escobar.

El negocio de la droga no sólo sembró el terror entre los Paisas (habitantes de la zona de Madellín) y los Colombianos, también dejó una incontable oleada de muertos y un toque de queda en Medellín en el que a partir de las 5 pm. no se podía salir de casa. Mientras los niños crecían entre disparos, bombas y muerte los “narcos” se llenaban los bolsillos y al pueblo no le llegaba nada (300 viviendas es todo lo que le aportó la droga a Medellín).

Por suerte, la Colombia de ahora es otra, es la que lucha por superar este pasado y al parecer le va bastante bien porque el turismo ha crecido muchísimo en los últimos años. Una parte de este turismo todavía viene atraído por el supuesto bajo coste de la droga y la prostitución (ésta última sobretodo en la zona costeña y la Amazonia. En la Amazonia Peruana y Brasileña tienen el mismo problema, son áreas más desprotegidas), pero la realidad es que Colombia tiene mucho más que ofrecer: unas playas bellísimas, unos paisajes asombrosas y un pueblo muy cálido.

Tampoco hay que pasar por alto que la historia de la droga de Colombia no es exclusiva de Colombia porque éste es el país que la vende pero es el exterior que la compra (en grandes cantidades en Europa y USA), igual que la mayoría de la explotación sexual es consumida por turistas extranjeros (hay una creciente alerta debido al consumo de prostitución con menores).

A un nivel más inofensivo aunque bastante lamentable a mi parecer, me enteré de que hay un tour que te lleva a almorzar y a jugar al “Paint-Ball” a las ruinas de la mansión de Pablo Escobar en Guatapé. Me pareció una desfachatez ir a jugar a “los narcos” a la casa del “capo” teniendo en cuenta lo sufrida y reciente que es esta historia para Colombia. Por supuesto, es un producto consumido solo por “gringos”, tal y como lo indican los folletos propagandísticos que están sólo en inglés. Me dio la impresión de que fruto de una serie de televisión (o de su interpretación) que se titula “Narcos” se tiende a convertir a la figura de Pablo Escobar en una súper estrella cuando, según tengo entendido, no hizo más que generar muerte, violaciones, violencia y abusos a su paso y cagarle la vida a los colombianos. Por suerte, el colombiano es un pueblo proactivo, alegre y simpático que sabe hacer borrón y cuenta nueva e intenta vivir con todo el esplendor y orgullo que desprende su tierra, sus rostros y la danza de sus cuerpos.

Sigue leyendo

Anuncios

“Cholitas”

19 Abr

Desde que me adentré en territorio boliviano que no he dejado de sentirme maravillada por la riqueza de sus paisajes y sus gentes. De las bellezas naturales que vi en el Parque Nacional Eduardo Avaroa pasé a contemplar el amanecer en la magnitud del Salar de Uyuni, y de ahí fui a Potosí.

Potosí es la ciudad más alta del mundo. Se encuentra ubicada en las faldas del Cerro Rico. Es una ciudad empinada y sinuosa con una vida callejera muy plena y un bullicio constante de gente mezclada con olores de frutas, verduras, empanadas y carnes asadas. Desde mi apreciación se podría decir que la población en Potosí es 100% autóctona, es decir, indígena. Los pocos que “cantábamos como una almeja” éramos turistas y, para mi suerte, en Potosí no había muchos, o al menos no se veían muchos.

Durante mis días en Bolivia he oído decir varias cosas a nacionales y sobretodo a extranjeros sobre las “cholitas”, que se podrían definir como las señoras tradicionales bolivianas (yo por mi parte, las llamo “las señoras de las trenzas” por la extensa cabellera trenzada que lucen todas ellas), aunque el nombre también se extiende a los varones indígenas. Entre los adjetivos me han llegado: cabezotas, maleducados, antipáticos, rudos, lentos…

Es cierto que la rapidez no es uno de los fuertes de la mayoría de la población boliviana pero si uno se para a pensarlo: ¿No sería mejor para todos vivir con menos prisas y ansiedades? Además soy de las que piensa que cuando se va a un país uno tiene que adaptarse al país, no puede esperar que el país se adapte a uno.

En lo que a las señoras “cholitas” se refiere, y basándome en mi propia experiencia, creo que más que antipáticas son tímidas. A su vez deben experimentar cierto rechazo cuando los turistas les sacan fotos como si fueran “monitos”. También cabe decir que a la hora de vender se cargan las timideces a la espalda y disparan proyectiles de mercancías a destajo.

Como son gente que a mi me inspiran confianza me acerqué a hablar con unas cuantas, a excepción de una que me giró la cara con las demás conversé animadamente. Se dan un par o tres de frases “para ver qué onda” y después no hay quien las detenga. Una de ellas incluso me acompaño hasta la plaza en Sucre porque yo andaba bien perdida. Lo de que anduviera viajando sola por el mundo no lo acabó de entender, pero quien la puede culpar.

Con los hombres no he interactuado tanto pero en Potosí, estando yo charlando con un francés y un polaco, se acercó un señor bastante ebrio. Para nuestra pena y sorpresa nos soltó la descabellada frase de “que suerte tienen ustedes de ser tan lindos, no como nosotros”, haciendo hincapié en la lindura del polaco rubio de ojos celestes (que el tipo era un amor, pero a mi parecer tenía cara del malo de las pelis de James Bond). Nos quedamos perplejos ante tal comentario.

Después fuimos a tomar unas cervezas y en la televisión daban un programa tipo “Operación Triunfo”. Puesto que presentadores, concursantes e incluso público eran más blancos que el azúcar refinado dedujimos que debía ser un programa de Colombia u otro país cercano pero preguntamos y no, ¡era el boliviano! No dábamos crédito porque no representaba en absoluto a la mayoría de ciudadanos bolivianos. Los comerciales que cortaron el show más de lo mismo: blancos, rubios, altos… dejando patente que impera el modelo occidental blanco e ignorando el magnético poder de la belleza de su población, con sus aguerridos cuerpos adaptados a todo tipo de inclemencias climáticas (donde los otros enfermamos), sus largas y fuertes cabelleras (entre los autóctonos la alopecia no es un problema) y sus rostros agudos y sabios.

images (1)

Santiago y la montaña

16 Mar

Santiago es una ciudad que vive a los pies de la cordillera. La urbe empieza en la falda de la montaña y se estira a largo y ancho de la ladera con la misma geografía de una tabla de planchar.

Es una ciudad atípica a mi parecer ya que  fruto de la experiencia y modesto conocimiento que tengo sobre las ciudades del mundo, por lo general la vista alcanza a ver ciudad, edificios y más ciudad y aquí se ve ciudad, edificios, cerro y cordillera.

Con lo de “se ve” estoy siendo generosa ya que Santiago tiene la particularidad de que la monstruosa cordillera – monstruosa por grande, no por fea – aparece cuando se le canta. A pesar de sus majestuosas dimensiones, la montaña se muestra y desaparece al mirón tal y como ella lo desea. Juega al escondite tomándole el pelo al visitante y al habitante.

Por la noche deja de existir mientras que a la mañana muestra su silueta insinuándose con sutileza para atraer, sin tener que exhibirse demasiado. Al atardecer, si se siente juguetona, enseña un poco más de sus curvas, y si tiene el día libidinoso se muestra descarada y se abre ante Santiago, sin tapujos.

Sea como sea, ella siempre deja bien claro que es una mujer digna de admirar.

Un mes

14 Mar

20160308_144150Hace poco más de un mes que partí de mi querida Buenos Aires para emprender mi viaje. Si lo paro a pensar me digo: ¿Sólo un mes? La sensación es de que hiciera mucho más. Tantas son las cosas que han pasado y tanta la gente que he conocido que me cuesta creer que hace tan poco tiempo.

Miro mis piernas que delatan el paso de los días: bronceadas, llenas de rasguños, moretones y golpes de caminar por aquí y bajar por allá, añadidas a las secuelas del poquito de torpeza de siempre.

Me doy cuenta de que los días se encuadran en una dimensión de tiempo y espacio diferentes. Lo mismo pasa con las relaciones. Personas que conoces de un día, o dos, o tres, pasan a ser compañeros inseparables. En este tipo de encuentros un día se torna una semana, el segundo ya parece que te conozcas desde hace un mes y el tercero de toda una vida. A estos amigos cuesta dejarlos, ya me ha pasado varias veces. Quizás la más sentida, exceptuando la partida de Buenos Aires, fue la despedida con los amigos de San Martín, aunque no fue la única.

En el viaje se dan altibajos emocionales fuertes, forman parte del camino. Todo parece tener más intensidad y más fuerza, tanto lo positivo como lo negativo. Viajar solo no es fácil, hay que estar muy atento e intentar apegarse lo menos posible a los lugares y a las personas, porque sino nunca avanzarías.

Lo que sí te da el viaje es una gran sensación de libertad, es muy sanador: limpia las suciedades que acumula la cotidianidad. Poder caminar por lugares como las montañas de la zona de lo siete lagos o cruzar los Andes para ir de Argentina a Chile, genera una energía que entra dentro de uno para no abandonarlo nunca más.

El viaje de la vida cada uno lo vive como quiere pero yo no podría sentirme más afortunada de haber podido emprender este viaje dentro de mi viaje de vida, y espero que el viaje siga, siempre con la misma intensidad.

Los serieadictos

10 Sep

En el mundo hay algunas personas que son diferentes de los demás y lo son porque viven en un mundo paralelo: el de las series. Los serieadictos son una especie muy particular que tiene sus propios códigos e incluso idioma. De hecho, tienen como una especie de ondas telepáticas que les permiten reconocerse entre ellos.

Intentar entrar en una conversación de serieadictos es inútil. Sólo podrás hacerlo  a partir de haberle dedicado unas 500 horas a visualizar capítulos. Entonces, igual te dejan ir a escuchar pero hasta que no hayas llegado a las 1000 derecho a opinar, no tienes.

La cuna de las series es norteamérica y a los serieadictos les encanta conocer a sus nativos. ¡Qué alegría conocer a un autóctono y poder intercambiar experiencias!, se dicen y entonces, es cuando hablan con él o ella y les dice que no le gustan las series; pero, ¡menudo compatriota de mierda!, ¡Qué desilusión!, peor que lo de fin de año, que lo esperas todo el año y luego es un coñazo y si no lo es, tampoco te acuerdas.

En este mundo incluso se hacen fiestas temáticas y los serieadictos se disfrazan de sus personajes favoritos. Así de tristes son sus vidas. En los Estados Unidos, país que nunca ha destacado por su lógica, incluso hay un gran festival donde los serieadictos pueden conocer a sus personajes queridos y hacerse fotos con ellos disfrazados de ellos mismos ¡Qué lio, no! Seguramente, de las pesadillas que tienen estos actores después de tan sonado evento, podrían sacarse argumentos para más series.

Hay que protegerse porque cualquiera puede caer víctima de este mal. Empiezas un día con un capítulo, al siguiente te dices: me miro dos, al tercero ya llamas al curro para decir que no vas, al cuarto anulas la cena con tus amigos y sin darte cuenta, en un mes ya no tienes pareja ni curro ni amigos pero quieres seguir viendo capítulos.

Después vienen los nervios, el comerse las uñas, el qué pasará y entonces pasa algo para lo que nadie está preparado: ¡Se acaba la serie! Llega ese vacío en tu vida: ¿Qué voy a hacer? Te parece que el mundo no tiene sentido. Ya no vale la pena vivir, ya no queda nada y encima la serie se ha acabado como el culo y te han matado al protagonista. ¡Qué horror, qué vida tan dura! Es en este punto tan crítico donde te das cuenta de que sólo te queda una salida: empezar otra serie.

La moda

3 Sep

La moda es una de esas cosas fruto de la evolución tan difíciles de comprender. Se supone que el ser humano evoluciona, se racionaliza, avanza. Hay ciencia, descubrimientos, progresos, se va a luna y luego, se va a la moda.

Cada época ha tenido su moda, con sus figuras destacadas y sus elementos particulares, extravagantes y llamativos pero creo que un gran porcentaje de la población mundial está de acuerdo en que lo de los ochentas no debe repetirse, ¡jamás!

Una de las décadas más exprimidas, que tuvo su resurgimiento con los jóvenes de los noventa, es la de los sesentas. Uno de sus complementos más explotados son las gafapastas, grandes y no precisamente discretas. En Barcelona, si no llevas gafapastas no eres nadie. ¡Y que problemón para los que tienen bien la vista! Y digo yo, que tenemos claro que son un tipo de gafas que no favorecen a todo el mundo. Por supuesto, si no van combinadas con un despeinado peinado, tampoco valen. Los chicos de Madrid, apuestan claramente por la chaqueta verde botella. Claro, luego a la hora de irse a casa, no veas que enredo para encontrar la tuya, como si en Barcelona va, y se le caen las gafas a varios a la vez. En el País Vasco, las chicas se cortan el pelo, todas, en la misma peluquería: con flequillo bien corto (tipo corte hacha) y patillas largas. A conjunto llevan los aros con relieves celtas; que yo creo que se los ponen ya en la peluquería. Las francesas… pasan de todo, si total, ni se depilan. En Reino Unido quien se pone la ropa más fea y incombinable encima, ¡gana! (Se puede decir que ahí, todavía viven los ochentas). En Italia, si no es de marca, no se lo ponen. En Buenos Aires, para ser una mujer como dios manda, se tiene que ir con calzas (leggins) y tener el pelo largo hasta el culo, como mínimo. A poder ser con variación de tonos de los diferentes teñidos.

Y no termina ahí la moda. Su extensión es tan amplia que afecta a casi todo: ropa, pelo, muebles, plantas, animales de compañía… incluso a la arquitectura. Épocas como el clasicismo, el barroco, el modernismo y la de ahora: el “haz los bloques de pisos más feos que puedas”, y los arquitectos modernos, que todos quieren hacer edificios con forma de falos y bueno, cabe decir que aunque nos vistamos de los sesentas, setentas, ochentas, noventas o todo combinado, desnudos seguiremos siendo iguales y es que el sexo, por suerte, no pasa de moda.

 

 

El transporte público

29 Ago

La ciudades grandes tienen trenes, tranvías, autobuses y metros que son usados diariamente por millones de personas. Son transportes que permiten a los ciudadanos vivir lejos de sus trabajos, ya sea por causas económicas, sociales o por gusto. Viajar en transporte público tiene sus pros y sus contras pero hay algo que cabe destacar: la hora punta. Cuando se abren esas puertas del metro y la gente se pega por entrar, como si dieran lingotes de oro; y es que aún cuando no cabe más gente, los que están dispuestos a entrar, entran. Luego uno se encuentra allá dentro, donde el clima es siempre tropical, aunque sea invierno. Y en verano… ¡oh verano! …cuando todas esas pieles húmedas mezclan sus sudores entre sí en el contacto de la estrechez de los vagones. Lo bueno es que cuando hay tanta gente, si te desmayas por el calor, no te caes. La multitud te mantiene en pie. ¡Y los pobres bajos!, que siempre les tocan los sobacos sudorosos en la cara, por no hablar de cuando los usan de apoya periódicos. ¡Qué experiencia la del metro!

Sin duda, el transporte público es uno de los grandes males del mundo, sobretodo para los habitantes de las capitales más grandes. Muchos de estos, además, viven donde no para el metro. ¡Entonces tienen que ir en autobús! ¡Algunos incluso tienen que ir en metro y autobús, los pobres desgraciados! Un requisito indispensable para ir en autobús es tener brazos de gimnasio, sobretodo en las curvas, ya que la fuerza motriz suele agarrar a los viajeros bien desprevenidos. Hay diferentes modelos de autobuses pero, por ejemplo en Buenos Aires, los pasajeros que sufren las situaciones más límite son los de los asientos traseros, por mucho brazo musculado que tengan nadie puede evitar que salgan despedidos hacia delante. O sea que tomad nota, la gente que se sienta allá, es la que realmente tiene agallas. En Londres, los intrépidos son los que se suben al piso de arriba, arriesgando vidas para tener una buena vista. Cabe mencionar a las abuelas, que siempre se quejan de los jóvenes por no cederles el asiento y el día que se lo ceden se cagan en ellos por llamarlas viejas. Ellas son la voz de la experiencia y han desarrollado unas técnicas a lo largo de los años, con las cuales su destreza para desenvolverse en el proceso del viaje en autobús seria comparable a la de los de las chaquetas góticas de Matrix esquivando balas. Y ya finalizando y volviendo a Buenos Aires,  creo que seria todo un detalle por parte del gobierno avisar a los turistas del curso de paracaidismo que debe tomarse para bajar del autobús. A los extranjeros, es un tema que siempre nos pilla desprevenidos.

A %d blogueros les gusta esto: