Cuando morimos no vamos al infierno, vamos a migraciones.

22 Ago

No me extenderé en el periplo que fue el año pasado sacar la residencia, tampoco en que el abogado de la empresa que me contrató tuvo que dedicar tres mañanas de su tiempo a pasear por migraciones para conseguir el número de requirente para poder contratar a un trabajador extranjero o al hecho de que mi hermana me envió un paquete desde Ibiza para mi cumpleaños que tuvo que ser devuelto (a costo del emisor) a su remitente por la complicación que exigía el trámite (tengo un horario que cumplir en el trabajo que no me permite pasar una mañana en aduanas esperando un paquete), sólo me remitiré a explicar los hechos recientes.

Mi residencia termina el día 2 de octubre y en mi trabajo decidieron extenderme hasta el 20 de diciembre. Siendo previsora decidí empezar a preocuparme por el trámite tres meses antes.

Migraciones me envió un mail diciéndome lo que tenía que llevar. Me pasaron un link de una página que dice Información sobre prórroga de residencia temporaria por: Trabajador Migrante.

Éste es el link:

http://www.migraciones.gov.ar/pdf_varios/campana_grafica/pdf_prorrogas/trabajador%20migrante_i.pdf

En la página dice lo siguiente: Para trámite de prórroga de residencia no deberá sacar turno previo. Mentira, sin turno no te atienden.

Los documentos a presentar, según la página, eran los siguientes:

  • Continuidad laboral o nuevo contrato de trabajo (suscriptos ambos ante Escribano Público o un agente de esta Dirección Nacional al momento de inicio de la prórroga) detallando CUIT del empleador y CUIL de empleado, siempre que el empleador haya sido el mismo del año inmediato anterior. (lo cual es mi caso)
  • Certificado de antecedentes penales argentinos. Emitido por el Registro Nacional de Reincidencia o la Policía Federal Argentina. Solo exigible a mayores de 16 años.
  • Pasaporte vigente.
  • Documento Nacional de Identidad (no es obligatorio).

 

Religiosamente, junté toda la documentación, pedí turno en migraciones y fui.

Esta vez tuve que apersonarme en una nueva sede, en Sanabria y Jonte, que según la página web “está equipada con la más avanzada tecnología”.

Me enviaron a las ventanillas 8 o 9.

Al rato me llamaron. Le presenté mi documentación. Me dijo que me faltaban documentos y llamó a su compañera. Le expuse el caso. Me dijo que no podía hacer el trámite porque me faltaban varios documentos y que tendría que volver otro día.

  • Verá, pedí llegar tarde al trabajo y lo tendré que pedir otra vez, cuando en realidad me informe mucho antes, pedí hora en el primer turno e hice todo con tiempo para que no tuviera que pasar esto – expuse.
  • Pues si no lo quieres hacer no lo hagas – me respondió. Me dio la espalda y se fue.

Delante de esta respuesta tan digna de un servicio de atención al cliente oficial, no me quedó más que insistir para que me dijeran que tenía que hacer.

Finalmente, me dijo que haríamos una intimación. Pedí que me explicaran que era puesto que, y disculpen mi ignorancia, no sabía que era.

Con la intimación me empezaban el trámite, yo tenía que pagar los 1.200 pesos del coste y quedaba pendiente que yo presentara, en los próximos 30 días, lo siguiente:

 

  • Certificado de domicilio.
  • La constancia de requirente de mi empresa.
  • Mi constancia de CUIL (que ya aparece en mi contrato de continuidad laboral, pero bueno…)
  • Mis recibos de sueldo de los últimos seis meses.

 

Es decir, me pedían que tramitara de nuevo todos los documentos que hacía menos de un año les había entregado y que me cuesta creer que no consten en su registro “equipado con la más avanzada tecnología”.

Después de tres horas de espera, no exagero, un señor me llama y me da una precaria. La precaria es el documento que te dan la primera vez que empiezas el trámite de residencia en Argentina; pero no era mi primera vez, era mi segunda, sólo estaba pidiendo una extensión a partir de octubre.

Tuve que esperar más, el señor me pidió disculpas, la responsable de que me hicieran otro trámite, no.

También pedí dejar una sugerencia escrita para mejorar el servicio, tal y como indicaban que hiciera el usuario que gustase en un mensaje que se iba repitiendo en las pantallas de la sede, pero pregunté y dicho buzón de sugerencias no existía.

Finalmente, tuve que irme con 1200 pesos menos y sin trámite.

Después fui a la Comisaria 39, la que corresponde a Villa Urquiza, para hacer el Certificado de Domicilio. Tenía que presentarme con el documento, que no tenía porque en medio de estos eventos mi billetera, o decidió irse sola de mi cartera o alguien se amigó de ella y me la sustrajo. Es un enigma que quedará por resolver.

A comisaria llevé la denuncia y mi constancia de trámite del nuevo DNI pero me lo rechazaron como válido y me enviaron a casa a buscar mi pasaporte. Entre dos idas y dos vueltas y después de un hermoso paseo de unas diez cuadras por trayecto, hagan sus cuentas, me aceptaron el pasaporte, pagué diez pesos y me dijeron que el sábado por la mañana de 8 a 13 pasarían por mi casa.

Hoy, modifiqué mi ritual de sábado a la mañana para esperar a que viniera la policía a corroborar que vivo donde vivo y me diera el Certificado de Domicilio.

A las 12.30, aproximadamente, llamé para informar de que no había venido nadie todavía.

  • Le dije que de 8 a 13 – me respondió secamente.

Volvía a llamar a las 13.30 y me dijeron que el personal que se ocupaba de eso ya no estaba y que llamara el lunes para arreglar para otro día.

Hoy, sábado 22 de agosto, ya llevo unas nueve horas invertidas en un trámite para extender tres meses más mi residencia, y la historia continua…

 

PD: No me gustaría que este texto fuera usado para recriminar a ningún partido político. Asimismo, soy consciente de que hay muchos inmigrantes en el mundo que se encuentran en una situación de vulnerabilidad y precariedad absoluta; es por eso que agradezco que mi situación sea la que es, pero también me parece que si mi queja puede ayudar a mejorar el servicio, me daré por satisfecha. Para ello, voy a imprimir copias de este documento y dejarlas en la comisaria y en migraciones en mis próximas visitas.

 

 

 

 

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La inmensidad de la soledad

3 Jun

No hay mejor regalo que puede hacerse un mismo que un viaje. Para llevarlo a cabo no siempre es necesario viajar ya que hay viajes instrospectivos, viajes espirituales, viajes de amistad, viajes de relaciones… aun así muchas veces el hecho de desplazarse ayuda, y en otras es absolutamente necesario.

He tenido la suerte de viajar al norte durante unos días, por segunda vez en poco tiempo, y considero que en mi caso era imprescindible viajar físicamente para alejarme un poquito de la jungla de asfalto.

Ambos viajes los he hecho sola, aunque han sido bastante escasos los momentos en que mi única compañía era yo misma; la ruta está llena de viajeros que, viajen solos o no, esperan nutrirse de las experiencias ajenas para poder viajar incluso un poquito más dentro de su propio viaje.

En uno de mis momentos de libertad impremeditada decidí subir a un mirador desde el cual se ofrece una bella panorámica de Purmamarca. En mi anterior viaje ascendí hasta el mismo pero no me aventuré a pasar del primer nivel de visión. Desde allí, con uno de mis compañeros de ruta, comprendimos como las montañas abrazaban el pueblito y lo aislaban entre sus extremidades. Mientras mi mente se maravillaba entendiendo tan magnífico espectáculo, mi “padrineta” se aventuraba en otro viaje: el eterno.

Esta segunda vez subí hasta el mismo mirador. Una parejita de franceses que se alojaban en mi hostel, holgazaneaban al sol. Decidí seguir caminando por un diminuto camino que bordeaba la montaña, acercándome cada vez más a su cima. No era una montaña alta pero la sensación que me producía la cercanía con la montaña de al lado me frenaba un poco. Siempre me impresiona estar cerca de cosas grandes como los transatlánticos, los rascacielos, las presas, las estatuas colosales o las montañas grandes. Ante ellas uno siente una mezcla entre estupor, respeto y complejo de insignificancia. Aun así, seguí el camino, mirándome de reojo a la montaña vecina con desconfianza.

En la cima de mi montaña había un caminito estrecho que la cruzaba. Por los lados la montaña caía destripada por el efecto de la erosión, como si la hubieran tallado con un cincel. Seguí el camino hasta encontrar una zona un poco más amplia donde me pude sentar un rato. Sin duda ese fue uno de los momentazos del año… tal es la añoranza que se vive en una gran ciudad de poder estar solo de verdad.

En las grandes urbes muchas personas se sienten solas pero la soledad real, o al menos la física, es relativa. Hay gente por todos lados, incluso en la propia casa se oyen los vecinos, se escuchan las conversaciones del rellano… Uno nunca puede estar solo de verdad, nunca puede gritar sin ser oído; pero allí, en la magnitud de la inmensidad encontré la grandeza de la soledad y la disfruté, la respiré y me nutrí de su paz.

En la vida hay momentos felices que llegan inesperadamente y que uno retiene en su memoria como joyas sagradas que deben ser conservadas como reliquias. Momentos más felices, donde se toca la cima, donde uno se embriaga con sus propias capacidades y vive hasta sus límites amplificando el alcance de sus sentidos. Ese fue uno de esos momentos y en este caso, he decidido que además de guardarlo en mi memoria, también lo guardaría por escrito.

Lo que te hace grande

14 Nov

Así es un día en el mundo: despiertas, cansada pero contenta. Ayer llegaron tus padres, vinieron a verte, a 14.000 kilómetros de su casa, de la tuya. Te arrastras hasta la ducha. El agua sale fría… bueno, se irá el sueño. Sales despierta, ves tu casa, es hermosa. Piensas que quieres agarrar la puerta para que nadie te la quite. Costó, costó mucho tenerla pero es tuya. Te vistes, te posicionas en el subte. Es una estrategia que se aprende a base de viajar: si me colocó aquí, entre pierna y pierna del que está sentado corro menos riesgo de avalancha y de sobacos malolientes mañaneros. Me posiciono y saco mi libro, escrito en catalán, porque incluso lo propio se olvida y, cada tanto, se tiene que refrescar.

Llego, salgo, camino diez cuadras con mi música: La Pegatina, porque es familia, porque son amigos, porque me alegran mi paseo matutino, porque huelo a Omar, porque huele a amigos, porque suena cercano.

Llego al trabajo. Entro en mi oficina y cuelgo las fotos de mis sobrinas porque son las “nenas”, porque es familia, porque huelen como mi hermana, porque así me siento más cerca de casa.

Tomo mi café de la máquina y mi desayuno a base de pan, queso y frutas que cada mañana empaqueto religiosamente y como en cuanto llego. Trabajo, a ratos me siento distraída. Miro mi oficina. Me agarro a mi mesa. Tampoco quiero que nadie me quite esto, también costó. Mi compañero, por lo general bastante arisco, se acerca para preguntarme como fue la llegada de mis padres. Sorprendida, le cuento. Le muestro a mis sobrinas, a mi pueblo, le cuento todo lo que me trajeron los reyes magos, que a esta altura ya sé que son los padres y vinieron muy cargados. La navidad llegó antes. A la hora del almuerzo todos hablan de la navidad, de las vacaciones. Hace calor, sigo sin acostumbrarme a que en el este hemisferio hace calor por navidad. Para mí, estamos en julio pero parece que en el mundo es noviembre.

Mi jefe y mentor en Argentina se deja caer por la oficina. Siempre se alegra tanto de verme como yo me alegro de verlo a él. Le regalo un brandy Lepanto, como la batalla, pero esto no es la guerra, es la paz.

Me llaman, mucho. No me gusta tanto lo del teléfono. Las líneas no andan pero si son mis pilares en Argentina los que me llaman, todo es diferente.

Por la tarde, la mujer de la oficina de al lado me molesta, siempre lo hace. Grita demasiado, habla demasiado por teléfono y cuenta demasiado. Hoy la reto: la pared que está entre nosotras es como si no estuviera, le digo. Tantas paredes que siempre nos queremos sacar de encima y esta desearía ponerla. Es orgullosa, me reta, pero se da cuenta de que sé demasiado: con quien se habla, con quien no, con quien sale a bailar, qué le cuenta a sus nietos, donde va de vacaciones, todas las pruebas médicas que se tiene que hacer. Al final cede. Sé demasiado.

Voy a mi casa. Metro, de nuevo. Sudores y ciertas amabilidades más un piropo de regalo. El vendedor de la boletería me dice que cargar 100 pesos es demasiado porque entonces tardaré muchos días en volver. Sonrío.

Llego a casa. Es hermosa. Huele a mí. Huele a mi familia argentina, huele a mi familia catalana. Huele a paz.

Me ducho…agua fría… voy a ver Vetusta Morla que siempre me gustaron porque se llaman como la tortuga vieja de la Historia Interminable, Historia sin Fin en Argentina.

Llego al Vorterix, me reúno con Barbie, la llaman como a la muñeca. Bailamos, cantamos: Los días raros, la deriva, sálvese quien pueda. Establezco muchos paralelismo en mi mente.

Pienso. Recuerdo que llegué a Argentina hace más de un año y medio. Recuerdo que Vetusta Morla tocó esa semana pero me enteré tarde.

La paso bien.

Pienso en mi tiempo en Argentina, en todos lo que dejé que me quieren y quiero y en todos los que he conocido y me quieren y quiero.

Llego a mi casa y me siento en mi balcón. Hay chicos jugando al futbol. Pienso que quizás son lindos, quizás no lo son. Creo que eso es algo que deberá esperar.

Entiendo que es lo que me hace grade y entiendo cómo y porqué.

Los serieadictos

10 Sep

En el mundo hay algunas personas que son diferentes de los demás y lo son porque viven en un mundo paralelo: el de las series. Los serieadictos son una especie muy particular que tiene sus propios códigos e incluso idioma. De hecho, tienen como una especie de ondas telepáticas que les permiten reconocerse entre ellos; así como los gays.

Intentar entrar en una conversación de serieadictos es inútil. Sólo podrás hacerlo  a partir de haberle dedicado unas 500 horas a visualizar capítulos. Entonces, igual te dejan ir a escuchar pero hasta que no hayas llegado a las 1000, derecho a opinar no tienes.

La cuna de las series es norteamérica y a los serieadictos les encanta conocer a sus nativos. ¡Qué alegría conocer a un autóctono y poder intercambiar experiencias!, se dicen y, entonces, es cuando hablan con él o ella y les dice que no le gustan las series; pero ¡menudo compatriota de mierda, seguro que no se sabe ni el himno!, ¡qué desilusión!, peor que lo de fin de año, que lo esperas todo el año y luego es un coñazo y si no lo es, tampoco te acuerdas.

En este mundo incluso se hacen fiestas temáticas y los serieadictos se disfrazan de sus personajes favoritos. Así de tristes son sus vidas. En los Estados Unidos, país que nunca ha destacado por su lógica, incluso hay un gran festival donde los serieadictos pueden conocer a sus personajes queridos y hacerse fotos con ellos disfrazados de ellos mismos …¡Qué lio, no!. Seguramente, de las pesadillas que tienen estos actores después de tan sonado evento, podrían sacarse argumentos para más series.

Hay que protegerse porque cualquiera puede caer victima de este mal. Empiezas un día con un capítulo, al siguiente te dices: me miro dos, al tercero ya llamas al curro para decir que no vas, al cuarto anulas la cena con tus amigos y sin darte cuenta, en un mes ya no tienes pareja, ni curro, ni amigos pero quieres seguir viendo capítulos.

Vienen los nervios, el comerse las uñas, el qué pasará y entonces pasa algo para lo que nadie está preparado: se acaba la serie. Llega ese vacío en tu vida. ¡Qué voy a hacer! Te parece que el mundo no tiene sentido. Ya no vale la pena vivir, ya no queda nada y encima la serie se ha acabado como el culo y te han matado al protagonista. ¡Qué horror, qué vida tan dura!. Es en este punto tan crítico donde te das cuenta de que sólo te queda una salida: empezar otra serie.

La moda

3 Sep

La moda es una de esas cosas, fruto de la evolución, tan difíciles de comprender. Se supone que el ser humano evoluciona, se racionaliza, avanza. Hay ciencia, descubrimientos, progresos, se va a luna y luego, se va a la moda.

Cada época ha tenido su moda, con sus figuras destacadas y sus elementos particulares, extravagantes y llamativos pero creo que, un gran porcentaje de la población mundial está de acuerdo en que lo de los ochentas no debe repetirse, ¡jamás!

Una de las décadas más exprimidas, que tuvo su resurgimiento con los jóvenes de los noventa, es la de los sesentas. Uno de sus complementos más explotados son las gafapastas, grandes y no precisamente discretas. En Barcelona, si no llevas gafapastas no eres nadie. ¡Y que problemón para los que tienen bien la visión!. Y digo yo, que tenemos claro que son un tipo de gafas que no favorecen a todo el mundo. Por supuesto, si no van combinadas con un despeinado peinado, tampoco valen. Los chicos de Madrid, apuestan claramente por la chaqueta verde botella. Claro, luego a la hora de irse a casa, no veas que enredo para encontrar la tuya, como si en Barcelona va, y se le caen las gafas a varios a la vez. En el País Vasco, las chicas se cortan el pelo, todas, en la misma peluquería. Casi rapadillo, con flequillo bien corto  y patillas largas. A conjunto, llevan los aros con relieves celtas; que yo creo que se los ponen ya en la peluquería. Las francesas…pasan de todo, si total, ni se depilan. En Reino Unido quien se pone la ropa más fea y incombinable encima, ¡gana! (Se puede decir que ahí, todavía viven los ochentas). En Italia, si no es de marca, no se lo ponen. En Buenos Aires, para ser una mujer como dios manda, se tiene que ir con calzas (leggins) y tener el pelo largo hasta el culo, como mínimo. A poder ser con variación de tonos de los diferentes teñidos.

Y no termina ahí la moda. Su extensión es tan amplia que afecta a casi todo: ropa, pelo, muebles, plantas, animales de compañía… incluso a la arquitectura. Épocas como el clasicismo, el barroco, el modernismo y la de ahora,  el “haz los bloques de pisos más feos que puedas” y los arquitectos modernos, que todos quieren hacer edificios con forma de falos y bueno, cabe decir que aunque nos vistamos de los sesentas, setentas, ochentas, noventas o todo combinado, desnudos seguiremos siendo iguales y es que el sexo, por suerte, no pasa de moda.

 

 

El transporte público

29 Ago

La ciudades grandes tienen trenes, tranvías, autobuses y metros que son usados diariamente por millones, incluso por millones de millones. Son transportes útiles, que permiten a los ciudadanos vivir lejos de sus trabajos. Ya sea por causas económicas, sociales o por gusto. Viajar en transporte público tiene sus pros y sus contras pero hay algo que cabe destacar: la hora punta. Cuando se abren esas puertas del metro y la gente se pega por entrar, como si dieran lingotes de oro; y es que aun cuando no cabe más gente, los que están dispuestos a entrar, entran. Y luego uno se encuentra allá dentro, donde el clima es siempre tropical, aunque sea invierno. Y en verano.. ¡oh verano! ..cuando todas esas pieles húmedas mezclan sus sudores entre sí en el contacto piel con piel de la estrechez de los vagones. Lo bueno, es que cuando hay tanta gente, si te desmayas por el calor, no te caes. La multitud te mantiene en pie. ¡Y los pobres bajos!, que siempre les tocan los sobacos sudorosos en la cara, por no hablar de cuando los usan de apoya periódicos. ¡Qué experiencia la del metro!.

Sin duda, el transporte público es uno de los grandes males del mundo, sobretodo para los habitantes de las capitales más grandes. Muchos de estos, además, viven donde no para el metro. ¡Entonces, tienen que ir en autobús!. ¡Algunos incluso tienen que ir en metro y autobús, los pobres desgraciados!. Un requisito indispensable para ir en autobús es tener los brazos de gimnasio, sobretodo en las curvas, ya que la fuerza motriz suele agarrar a los viajeros bien desprevenidos. Hay diferentes modelos de autobuses pero, por ejemplo en Buenos Aires, los que sufren situaciones límites son los de los asientos traseros, por mucho brazo musculado que tengan, nadie puede evitar que salgan despedidos hacia delante. O sea que tomad nota, la gente que se sienta allá, es la que realmente tiene agallas.  En Londres, los intrépidos son los que se suben al piso de arriba, arriesgando vidas y dientes para tener una buena vista. Cabe mencionar a las abuelas, que siempre se quejan de los jóvenes por no cederles el asiento y el día que se lo ceden se cagan en ellos por llamarlas viejas. Ellas son la voz de la experiencia y han desarrollado unas técnicas a lo largo de los años, con las cuales su destreza para desenvolverse en el proceso del viaje en autobús, seria comparable a la de los de las chaquetas góticas de Matrix esquivando balas. Y ya finalizando y volviendo a Buenos Aires,  creo que seria todo un detalle por parte del gobierno, avisar a los turistas del curso de paracaidismo que debe tomarse para bajar del autobús. A los extranjeros, es un tema que siempre nos pilla desprevenidos.

Los perros porteños

13 Ago

Buenos Aires es una gran ciudad. Como todas las grandes ciudades tiene calles, avenidas, parques paseos, línea de subte…pero Buenos Aires tiene algo más. Buenos Aires tiene perros. Cientos, que digo, miles de perros toman las calles de la ciudad cada mañana. Los porteños aman a estos animales con suma devoción y es posible que el porcentaje de perro por metro cuadrado sea uno de los más elevados del mundo.

Una enorme infraestructura se levanta entorno al mundo perruno. Generan una vasta industria comercial que cubre y satisface sus necesidades y caprichos, o al menos, los de sus dueños. Un sinfín de clínicas veterinarias, peluquerías y tiendas para animales abastecen a este amplio mercado. Todo correcto hasta aquí, pero el tema va más allá: hay tiendas de ropa de perro, ¡incluso on-line! Se podría decir que el sector de la moda canina está en su momento más álgido y, a mi parecer,  Buenos Aires se ha levantado como una de sus capitales mundiales.

Yo adoro a los perros. Son animales que me inspiran sentimientos de confianza, seguridad, compañía, fidelidad, amor y todo ese tipo de cosas que los seres humanos cada vez me inspiran menos. Es por eso que no puedo evitar escandalizarme con el tipo de vejaciones públicas a las que lo someten algunos ciudadanos, ya sean porteños, colombianos, estadounidenses, españoles, ingleses o turcos.  Sin ir más lejos, ayer iba paseando por la calle y se me cruzó un perro mediano de tonos marrones (disculpen, no entiendo de razas). Su pelaje era brillante y el animal se veía joven, elegante. El pobre, llevaba un vestido con volantes rosa. Para que la aberración fuera todavía más grande, llevaba una especie de pañuelo en el cuello, a conjunto. La criatura, que supuse que debía ser perra, por lo del rosa, andaba cabizbaja ante la vergüenza de tener que pasear por el mundo con esas pintas. A modo de solidarización involuntaria aparecieron dos chuchos más con camisetas a medida, una estampada con huesecitos de colores y la otra de topitos. Claro, tu ahora imagínate que en tu barrio eres el único perro al que su amo viste ¿Qué futuro te espera? Una vida de escarnio y vergüenza al pasar ante las casas de los demás perros y perras de tu zona. Y bueno, no sólo está el tema de la estética. ¡Yo he visto perros con forros polares y anoraks cuando el termómetro pasaba de los 23 grados!

Mi curiosidad ante tales despropósitos fue a más y decidí investigar por la web. Tuve que agarrarme bien fuerte de la silla para no caer cuando descubrí una tienda on-line donde vendían disfraces caninos: tipo bruja, princesa o abeja. ¡Qué persona en su sano juicio se atreve a sacar a su perro a la calle vestido así! A parte, ¿cuando se lo pones, por Halloween o carnaval, a conjunto con el tuyo? Después vi que la susodicha web contaba con secciones como “casual” “spa-baño” o “lluvia”. Después de leer esto me di cuenta que el mundo de las fashion victims ha tocado fondo. Pero aun me quedaba una por ver: zapatos y capas. ¡Sí, señores! venden zapatos para perro! Y capas para convertir a su perro en súper perro. Los zapatos, además, los venden a pares. Mi pregunta es: ¿en que patas se los pones, las de delante o las de atrás? Menudo dilema perruno me creó la web.

Y no nos damos cuenta de algo, los perros son perros. Yo estoy segura que si le preguntamos al perro que quiere hacer, nos dirá que revolcarse en el barro, olerle el culo a otros perros o vomitar y luego comérselo pero dudo mucho que nos diga que se quiere vestir de princesa, con lacito de brillantes y zapatitos a conjunto.

Cada vez que veo un perro desnudo, tal como dios lo trajo al mundo, me digo, que suerte tienes criatura, vive feliz. En fin, ciudadanos del mundo, estén donde estén, ya que un perro es igual de cursi vestido de princesa en Nueva York que en Beijing; ésta es una llamada para que liberen a sus perros de esta deshonra antes de que un día empiecen a rebelarse y acabemos en un mundo de ficción como el del planeta de los simios versión planeta de los perros con los humanos torturados a vestirse de princesa para la eternidad.

 

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